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martes, 19 de febrero de 2008

Hoy comienza en Alemania una de las ferias más importantes del mundo sobre libro de texto y material didáctico, Didacta, donde con seguridad se verán libros de texto en papel pero, también, nuevas configuraciones informáticas, nuevos entornos de impartición y aprendizaje digital, que acabarán con el libro tradicional de texto tal como lo conocemos, tarde o temprano.



Llevamos ya mucho tiempo oyendo hablar de atención a la diversidad y la diferencia en el aula -acrecentado con la integración de comunidades de población inmigrante de diversos orígenes, con o sin conocimientos previos de las lenguas de las Comunidades Autónomas donde se instalen- y de inteligencias múltiples -o de las diversas modalidades de aprendizaje en función de las competencias de los alumnos, sean estas numéricas, lingüísticas, musicales, artísticas, etc.-.


Lo cierto, sin embargo, es que intentar gestionar ambos aspectos en un aula tradicional es una tarea titánica y heroica dejada en manos de profesores desmotivados y descordinados, con recursos escasos y conocimientos no siempre adecuados. Los libros de texto tradicionales, además, tienen limitaciones intrínsecas insalvables para intentar cubrir esa cada vez más variada gama de diversidades e inteligencias, porque nunca podrían incorporar la multiplicidad de orientaciones, ejercicios y tareas necesarios para abarcar esa pluralidad floreciente. La suma de los factores, por tanto, no altera el producto, pero el producto sigue siendo aciago: profesores sin recursos más libros de texto con cobertura limitada igual a desatención inevitable y fracaso escolar previsible. Sé que simplifico demasiado la situación, porque hay profesores magníficos y libros de texto sensacionales y variados, pero aun con todo los cambios se avecinan y, además de inevitables, serán provechosos.



Aunque la niña de la fotografía se siente en un pupitre antiguo de madera desgastado, el futuro no será así: McGraw Hill, por ejemplo, ha comenzado a digitalizar parte de su oferta educativa de rango universitario y no es descabellado pensar que en un futuro cercano los colegios dispongan del mismo material, complementando o sustituyendo, simplemente, al anterior. Pero eso sería, simplemente, un reemplazo, no una innovación. Pearson, otro gigante de la educación radicado en España bajo su propio sello, ensaya ya en su entorno Pearson Digital Learning productos como Knowledge Box, una "caja" de recursos que el profesor puede gestionar diferenciadamente en función del grado de avance y competencia del alumno y de su estilo específico de aprendizaje, al ofrecerle la oportunidad de ver en la pantalla de su ordenador o pizarra electrónica la lección o los recursos específicamente diseñados para él.



El nuevo entorno de aprendizaje, en consecuencia, la infraestructura necesaria para que el profesor pueda repartir desemparejadamente esos materiales educativos, debe poseer un ordenador central desde el que controlar las terminales de los alumnos, a los que se permitirá mayor o menor libertad e interactividad en función de los contenidos que se impartan y los objetivos que se persigan. En Madrid, por ejemplo, ya hay centros que han comenzado a experimentar con esa posibilidad.



Pero aún así, las posibilidades que ese nuevo libro de texto digital ofrecen, son necesariamente limitadas, porque la interactividad y capacidad de intervención de profesores y alumnos estará siempre constreñida al conjunto de posibilidades previstas en la programación. Pero, ¿y si cupiera pensar en un entorno de "objetos de aprendizaje" inteligentes, capaces de reaccionar ante la interacción con los usuarios, que permitieran a los profesores diseñar su clase individualizadamente, en atención a la diversidad y a las múltiples inteligencias que concurren en un aula? Algunos, como Hitachi, ya lo intentan, y solo menciono a aquellos cuyo trabajo ya es público y conocido, y me callo algunos más.

No, esto no es una ficción, y aunque las resistencias de los profesores, los costes de implantación y desarrollo, los cambios de hábitos lectivos y las inversiones en infraestructura retarden su implantación, y aunque los editores, en suma, lo contemplen con comprensible reticencia, estos serán los libros de texto del futuro (con o sin complemento en papel).

8:54 | gestionado por Joaquín Rodríguez | Enviar comentario (3)