Enviado el viernes, 15 de febrero de 2008 4:29
En el último número de la imprescindible revista
Texturas puede leerse un texto de María Zambrano que comienza diciendo: "El libro de por sí es un ser viviente dotado de alma, de vibración, de peso, número, sonido", y cualquiera que haya atesorado una biblioteca, pequeña o grande, sabrá que cada uno de los libros que habitan sus estanterías tiene una personalidad intransferible, un carácter distintivo, un alma propia, y eso es lo que los hace completamente diferentes a los libros electrónicos, que solamente pueden aspirar a reproducir monótonamente el mismo formato y la misma puesta en página, sin distinción de los mensajes (al menos, por ahora).

La misma flexibilidad y tolerancia del soporte es, paradójicamente, su máxima limitación, porque dentro del Kindle o dentro de cualquier libro electrónico, cualquier mensaje parece el mismo mensaje, se trate de un periódico, un libro o un blog. Esa indistinción formal de los diferentes tipos de información, que la puesta en página en papel diferencia hace siglos es, por ahora, a mi juicio, una de las carencias fundamentales de los soportes digitales, insuficiencia que pone aún más de relieve la reflexión de María Zambrano.

El papel -como ya pusieron de relieve en
The social life of information John Seely Brown y Paul Duguid- estructura claramente la información confiriendo significados completamente distintivos a los contenidos que acoge y, en justa correspondencia, adquiere una personalidad propia y privativa en función del contenido que propaga, algo que, a día de hoy, sigue resultándole imposible a los soportes electrónicos.

Benditos libros en papel, que nos acompañáis toda la vida como buenos amigos, cada uno con su propia personalidad, cómicos, taciturnos, poéticos, reflexivos, silentes. "El libro" -dice María Zambrano- "tiene olor, perfume, impregna las paredes y está lleno de amor. Y para aquel que lo recibe por primera vez, resulta de una tal conmoción, con tal devoción es recogido entre las manos, que es como un ser. Un don, al mismo tiempo, del cielo y de la tierra, que trae un mundo lejano y misterioso que se hace propio, que se hace íntimo, una lejanía misteriosa que entra en la intimidad".