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La sensualidad del papel (y la resistencia del negocio editorial)

Enviado el jueves, 07 de febrero de 2008 12:27

Una buena amiga editora me recuerda que el suplemento cultural del diario ABC (ABCD las Artes y las Letras) libera progresivamente los artículos de alguno de sus colaboradores, o ex colaboradores, como es el caso del irrepetible e inigualable Manuel Rodríguez Rivero (ahora en otras filas editoriales). En el último de los artículos liberados Rodríguez Rivero -Nuevas ideas promocionales- habla de promociones editoriales y estrategias imaginativas para la captación de lectores, y yo, aprovechado como soy, lo tomo como punto de partida para reflexionar sobre la sensualidad del papel (y de su contenido, qué duda cabe) y sobre una clase de libros cuyo futuro será invariablemente impreso.


La editorial Taschen -a la que no le hace falta que yo la promocione para seguir subsistiendo- sabe que hay contenidos y acabados que requieren un soporte que no es el digital, que hay envalajes y envoltorios en cartón recubierto de piel sintética de leopardo que ensalzan su cotenido, y que hay un público lector dispuesto a abonar los 500 € que cuesta el libro, el estuche y el DVD que constituyen la edición de coleccionista de las memorias de Vanessa del Río, una de las estrellas del porno de los años 70 rediviva a través de esta biografía. Además, como nos recuerda Rodríguez Rivero, entre los 1500 ejemplares  firmados de su tirada inicial, se escondía una sola invitación para cenar con la libidinosa musa, estrategia promocional nada desdeñable para quien, abonando el dinero que la edición cuesta, manifestaba de antemano una predilección inocultable por la diosa.

Vanessa del Río, en contra de lo que Rodríguez Rivero decía en su columna -quizás no vio el video que la editorial grabó con ánimo promocional-, ha mejorado, seguramente porque los venenos inyectables y paralizadores y las técnicas de cirugía estética hayan mejorado, entre tanto, una barbaridad.



Pero a lo que voy, que me distraigo: Jason Epstein ya nos avisó en La industria del libro que entre los libros que pervivirían en papel, que seguirían imprimiéndose en máquinas de alta resolución con un control adecuado del color y de los acabados, serían los libros de arte, de fotografía, de viajes, de coleccionista, los que optaran a convertirse en un libro-objeto irremplazable, solamente concebible en papel.



Y el ejemplo de Vanessa del Río, y el del trabajo de Taschen en su conjunto, parecen ponerlo continuamente de manifiesto. ¿Será tarde para intentar conseguir el Golden Ticket? Tengo que preguntárselo a mi amiga.



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