Nabokov desmitifica la figura de Emma Bovary como arquetipo del buen lector al escribir que Emma es una gran pero mala lectora porque lee los libros emocionalmente, a la manera superficial de los jóvenes, poniéndose en lugar de esta o aquella heroína.
Hablar de buen lector es paralelo a hablar de personas inteligentes: si éstas son permeables, de mente abierta, desorbitadamente curiosas..., ¿no lo es el lector excelente que se empapa con lujuria, se deja penetrar abandonadamente y levita hasta el éxtasis con sus lecturas..., al menos con algunas de ellas, aquellas que elige libremente para gozar y gozarse?
El poeta Alejo Carbonell opina que un buen lector es aquel que es capaz de disfrutar un texto sin prejuicios. Sin saber nada del autor ni de lo que escribe y que pueda metamorfosear el escrito en su propia imaginación y experiencia.
Rodolfo Castro opina que un buen lector, también –pero no solo- lee libros. Cuando hay un hábito de la lectura de lo que nos rodea, de lo que nos hiere o nos fascina, inevitablemente los libros llegan. Pero advierte que un lector encuentra una buena lectura gracias a que ha realizado veinte lecturas malas. Tener lecturas de baja calidad no te convierte, por ello, en mal lector, es casi una condición ineludible para poder distinguir entre unas y otras. Hay quienes están tan metidos en sus libros y en sus lecturas de gran nivel que no conocen ni por intuición la sociedad que habitan. Lo bueno y lo malo de un libro están en el lector.
Bravo y Santa María se ponen más serios para pincelar algunos rasgos “profesionales” de ese Lector Estupendo; si quiere ese título tiene ser capaz de:
· Pensar sobre lo que lee.
· Usar su conocimiento y experiencia sobre el mundo y la vida diaria para tratar de entender lo que lee.
· Al utilizar su información previa para comprender el texto, se dedica a integrar información.
· Dominar los procesos básicos de decodificación y reconocimiento de palabras a un nivel automático, de modo que su atención quede libre para el análisis del significado.
· Controlar y guiar su lectura en relación a su meta, la naturaleza del material y se mantiene alerta para comprobar en todo momento si está entendiendo o no.
· Practica la lectura, desarrollándola y dejándose refinar por ella.
Emilia Ferreiro se eleva a un nivel anterior a la lectura textual y nos hace caer en la cuenta de que cuando un niño llega a la escuela ya es un “buen lector” del mundo. Desde mucho antes comienza a observar, anticipar, interpretar e interactuar, dando significado a los seres, los objetos y las situaciones que le rodean. Utilizará después estas mismas estrategias de búsqueda de sentido para comprender el mundo de las letras.
Un buen lector:
· Lee suficientemente bien cuando pone atención al significado de un pasaje, más que a la traducción de palabras aisladas.
· Es capa de comprender, analizar y examinar críticamente diferentes tipos de texto.
· Utiliza una variedad de estrategias tales como: predecir, inferir, monitorear; para planear, leer y verificar su comprensión
· Disfruta leyendo y lee por diversos motivos.
Un buen lector, un usuario competente de la lengua escrita es alguien para quien ésta es una práctica social y, como tal, una práctica verdadera y significativa; alguien que está en capacidad de utilizar la lengua escrita en sus funciones verdaderamente importantes e insustituibles: para conocer ciertos temas que pertenecen al mundo de lo escrito, porque ellos no son objeto de tratamiento en la oralidad cotidiana; para desarrollar un conocimiento profundo, un conocimiento estructural de las cosas, que sólo puede lograrse a través de la lectura; alcanzar una explicación de los hechos y para formular teorías que sustenten ese conocimiento y esa explicación que sólo puede lograrse a través de la lectura; para acceder a cierto tipo de reflexión abstracta construida sobre una “racionalidad” propia de nuestra cultura. Carlos Sánchez
Técnicamente podríamos recordar que al leer:
1. Cuando lees no es la boca la que lee, sino que leen tus ojos (boca cerrada – no pronunciar).
2. Cuando lees los ojos no se mueven sobre la línea de manera continua, sino que lo hacen a saltos (movimientos progresivos).
3. Cuantas más palabras leas en cada salto (cada vez que se fijan tus ojos) mejor será tu lectura: más velocidad y mejor comprensión.
4. Los ojos ven (fotografían), pero es la mente la que convierte las palabras en ideas (necesitas, por tanto, estar muy atento).
5. Tienes que ejercitar tus ojos para que cada vez capten con mayor rapidez, precisión y seguridad lo que estás leyendo y no te veas obligado a volver para atrás.
6. Un buen lector no lo lee todo a la misma velocidad ni de la misma manera. Cada texto necesita un tipo de velocidad y de lectura.
7. En toda lectura debes proponerte unos objetivos: para aprender, para estudiar, para divertirte, para encontrar una información...
8. No aprenderás ni mejorarás tu lectura en un día. ¡A leer se aprende leyendo... mucho!
9. Un buen lector controla y evalúa constantemente su lectura: ¿estoy leyendo con una buena velocidad?, ¿me estoy enterando de lo que leo?
10. En la lectura en voz alta no lee mejor quien lee más aprisa sino quien se expresa con más claridad y capta mejor la atención de los oyentes.
11. Un buen lector se anticipa, adivina lo que va a leer y se pregunta qué pasará
Finalmente, le invitamos a leer “El decálogo del buen lector”, artículo alojado en el weblog “Los futuros del libro. Libros, editores y lectores en el siglo XXI” que comenta la conferencia impartida por Antonio Muñoz Molina en el marco de la Feria del Libro de Guadalajara a finales de 2007.
http://weblogs.madrimasd.org/futurosdellibro/archive/2007/12/03/80189.aspx