Enviado el lunes, 03 de septiembre de 2007 8:19
Vicente Molina Foix escribió este fin de semana un artículo titulado Bookcrossing, una bella declaración de la conversión de un apasionado por los libros al intercambio sorpresivo y anónimo entre una vastísima hermandad, cada vez más amplia, de adoradores del libro.

Existe, como la mayoría de los lectores de este blog saben, una asociación nacional de intercambiadores anónimos de libros, Bookcrossing Spain, que intenta en alguna medida adentrar en los misterios de la devoción libresca y el desprendimiento altruista a los neófitos, indicando lugares de intercambio, tipos de libros, etc.
Lo más curioso del fenómeno, a mi modo de ver, es que el crecimiento de ese cambalache anónimo de papel es tan vigoroso -o casi- como el incremento de los miembros de las comunidades virtuales y el intercambio digital P2P. El principio es, en cierta medida, el mismo: una forma de permuta casi primitiva, propia de las sociedades del anillo Kulak que describió Malinowski, propio casi de la economía del don que analizara Mauss, donde alguien entrega algo sin esperar, necesariamente, a ser compensado, aun cuando exista la fundamentada potencialidad de que acabe siéndolo mediante un objeto de las mismas características, aunque distinto, claro. Esa modalidad de comportamiento económico ha resurgido con la red, hasta tal punto que en buena medida cabría hablar de potlatch digital, pero el intercambio de libros de papel, tangibles, no cesa, al contrario, crece de manera paralela, aprovechándose, quizás, de ese reimpulso dadivoso.
Se calcula, dice Molina Foix, que son (que somos ya) 600.000 los hermanos del santísimo libro.
