Cada vez es más evidente que durante siglos el libro cubrió facetas de la comunicación que ahora están siendo asumidas, ventajosamente, por otros soportes y tecnologías. A cada uno lo que es suyo, o al César lo que el del César, y no me parece una pérdida irremidiable ni una afrenta histórica que esto esté sucediendo. Aunque nos parezca algo inverosímil, la industria editorial japonesa está vendiendo centenares de miles de copias de contenidos para ser distribuidos y reproducidos en teléfonos móviles, y los nuevos escritores son expertos en el manejo de esos nuevos aparatos.

La editorial Kadokawa Digix ofrece por unos dos euros mensuales la posibilidad de descargarse contenidos textuales de manera ilimitada -leer sin límites, le llaman-, bien provinientes de sus colecciones editoriales ya digitalizadas, bien de los textos que los nuevos autores generan directamente para esos soportes. Claro que las compañías telefónicas, viendo en el creciente tráfico un filón económico, han subido las tarifas de 100 a 500 yenes por libro descargado. La librería virtual Maho no Shotenkan (la librería mágica) posee 700000 títulos potencialmente descargables y la editorial Shinchosha anuncia beneficios gracias a los 30000 suscriptores que regularmente hacen uso de sus servicios.
Si hemos de hacer caso a las noticias aparecidas en varios diarios -traducidas, claro-, ya hay autores que viven ventajosa y sobradamente de la escritura digital para soportes tan enjutos y angostos como una pantalla de teléfono móvil: Quiero volver a verte, de Sinka, ha tenido 100000 lectores; Mika, con su texto El cielo del amor ha vendido la astronómica cifra de 1,2 millones de accesos a su texto; los tres títulos de Chako alcanzan todos cifras superiores a los 200000 ejemplares digitales.
En estas condiciones, no es extraño que se hay convocado el primer premio mundial para la primera novela destinada a ser publicada y leída, exclusivamente, en teléfono móvil. 2400 concursantes participan en la convocatoria de NTT DoCoMo, un gigante de la comunicación japonés. El Planeta del novelista móvil, o del e-novelista.
Es cierto que Japón es uno de los países tecnófilos por antonomasia, y su floreciente y pujante industrial audiovisual y digital así lo demuestran. Sus jóvenes no son malos lectores, más bien al contrario, pero compaginan todas las tecnologías y soportes para obtener de ellos lo que cada uno les puede dar. Quizás valga la pena echar una ojeada a la utopía tecnológica no tan lejana que la industria japonesa prevé: