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jueves, 29 de marzo de 2007

Nuestros vecinos franceses se han tomado como un asunto de Estado la reflexión sobre el futuro del libro y su papel en la sociedad del futuro. El Centro Nacional del Libro trabaja sobre un horizonte temporal no demasiado lejano, a penas tres años nos quedan para llegar a la fecha que consideran como punto álgido del cambio, y es que la reflexión sobre el futuro o los futuros del libro es un asunto que sobrepasa lo meramente instrumental o industrial para adentrarse en las raíces mismas de nuestra cultura, nuestra memoria y nuestra identidad.

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En torno a diez mesas redondas celebradas durante varios meses, el Centro Nacional del Libro ha pretendido reflexionar, desde todos los ángulos, sobre el futuro del libro y de los agentes que lo rodean, desde las discusiones en torno a la promoción y animación a la lectura en colectivos tradicionalmente alejados del libro (L’accès des publics au patrimoine écrit et graphique y Le développement de la lecture auprès des populations éloignées du livre), a la disyuntiva aparente entre los libros digitales y los libros en papel (Livre et numérique: vers de nouveaux modèles économiques?), pasando por la evolución de las bibliotecas que deben dar cobijo a diversos soportes (L’évolution des bibliothèques) y el papel que los organismos públicos deben asumir en su preservación y difusión (Quelles formes d’intervention et d’organisation pour l’action publique?)

Entre las intervenciones más destacadas cabe nombrar Le livre face à l’écran, un objet irremplazable? en el que se proporcionan tres de las mejores razones que he podido leer sobre la probable supervivencia del libro en papel, sin demérito del libro electrónico, con el convencimiento de su segura coexistencia. Pensar en el futuro del libro es, claramente, pensar en sus futuros simultáneos, declinar su porvenir en plural.

 

  1. Los libros en papel son un lugar privilegiado de la memoria, un lugar de memoria que permite crear en el imaginario del lector un espacio de representación, un teatro interior; que permite desarrollar el pensamiento del lector como un pensamiento teatral, como un espacio mental en el que se representa lo que el autor ha escrito y que se representa a sí mismo a través de lo que el autor ha escrito. Y eso es así porque los libros poseen unos límites físicos dentro de los cuales la memoria queda fijada: poseen una camisola mnemónica que les dota de estabilidad diacrónica, que delimita su principio y su final; poseen un final o un desenlace que, como un vector que atraviesa el libro, estructura su contenido y lo dota de sentido, como una columna vertebral; posee una personalidad tipográfica, una personalidad estructural única.
  2. Los libros son el lugar donde se encarna el saber constituido, son el lugar donde se despliega el orden de las razones. Este orden de las razones se fundamenta en un orden convenido de la narración, en la sucesión de argumentos bien trabados que, sobre todo en la novela, buscan su resolución lógica en un final hacia el que todo tiende. Los libros tienen, por eso, unidad estructural.
  3. Los libros son uno de los interfaces más estables que la humanidad haya desarrollado, cápsulas de sentido que circulan a través del tiempo y el espacio, propiciando la comunicación entre seres humanos, generando comunidades de intereses y de saber.

 

La reflexión sobre los futuros del libro es una cavilación sobre nuestra propia naturaleza, sobre nuestros propios orígenes y nuestro propio devenir.

 

Video de la intervención (74 min.)

16:51 | gestionado por Joaquín Rodríguez | Enviar comentario (1)