El monstruoso número de páginas que hoy en día compone la web, más de 110,460,149 millones de sitios en marzo de 2007, según Netcraft, ha llevado a bibliotecarios, archiveros y expertos en la Internet a preguntarse por las modalidades de su eventual conservación, por los criterios que hayan de seguirse para establecer qué vale o no la pena conservar, para separar el grano de la paja.

La iniciativa pionera en este terreno fue el archifamoso Internet Archive, víctima, seguramente, de su mismo afan de globalidad, de su bulimia digital, de su intención de archivar todas y cada una de las páginas que en algún momento hubieran residido en algún servidor, página desde ese momento y para siempre accesibles mediante su Wayback Machine, su máquina de retroceso en el tiempo, de recuperación de la información innacesible.

A partir de ese extraordinario ejemplo, que muchos expertos han tomado como guía para esgrimir que debe ser todo, absolutamente todo, lo que se archive, porque no habría criterios objetivamente sustentables para defender que algo merece ser conservado más que otra cosa, han surgido proyectos más acotados, más modestos en su alcance, pero que pretenden, igualmente, salvaguardar la información editada en la web, contenidos cuya naturaleza y condicion es volátil, estructuralmente inestable, y que debe ser, por eso, catalogada y almacenada para que pueda ser consultada en cualquier momento. ¿Quién debe hacer esto, un agente privado o una institución pública? Los norteamericanos han optado por lo primero, los australianos por la segunda, y en mi opinión deben ser las Bibliotecas Nacionales, efectivamente -con o sin ayuda de otras redes de bibliotecas-, quienes asuman esa labor -actualizando, dicho sea de paso, una Ley de Depósito Legal predigital del año 1973-.

Existen otros países, como Suecia, Finlandia o Dinamarca que realizan incursiones periódicas en la web para obtener un retrato completo y pasajero de su situación. Los australianos, con buen criterio, argumentan (pp. 10-12) que lo ideal sería quizás una estrategia que mezclara unos sólidos criterios de selección y un examen periódico de la web.
Y aquí, mientras tanto, ¿qué hacemos, cuál es nuestra estrategia, cómo nos planteamos conservar el patrimonio escrito almacenado en la web?