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lunes, 26 de marzo de 2007

Si Wittgenstein volviera a escribir hoy el Tractatus Logico-Philosophicus es probable que lo hiciera de otra manera, es posible que utilizara la maraña de relaciones que la red permite para sustentar sus argumentos más solidamente. Lo que es indiscutible, al menos, es que quienes escriben después de él, en tiempos digitales, lo utilicen como fundamento de sus consideraciones y lo hagan constar explícitamente mediante enlaces a sus contenidos, construyendo así una red de relaciones que amplía y expande el alcance y el conocimiento que el texto original comprendía.


Cuando un usuario entra en Amazon y busca un libro, por ejemplo el Tractatus Logico-Philosophicus, no aparecerán, tan sólo, los resultados de las coincidencias más o menos cercanas a los términos de búsqueda que hayamos utilizados sino, también, todos aquellos libros que citen algún fragmento del texto que buscamos. De esa manera, a partir de un punto central, que es el texto original del que partimos—una obra capital de la filosofía occidental, en este caso—, encontramos las múltiples ramificaciones a las que ha dado lugar, los distintos itinerarios intelectuales y conceptuales —divergentes o concordantes— que su riqueza original ha suscitado. Un verdadero mapa de conocimiento o una verdadera cartografía de las ideas puede seguirse utilizando la herramienta que Amazon pone en nuestras manos, una herramienta que pertenece a lo que en la jerga informática suele denominarse web semántica, esa web que ya no es una mera aglomeración amorfa de información sino una red de contenidos vinculados deliberadamente que cobran tanta más inteligencia cuanto más cualificados y copiosos sean los enlaces que unen distintos objetos, contenidos y materias. Y todo eso lo hace una librería, una librería virtual que nos proporciona ya algo más que el libro que compramos, nos ofrece una intrincada red de conocimientos relacionados, un libro que va más allá de si mismo, que se vierte en otros libros dando a luz nuevas ideas, que irriga vastos campos de conocimiento fecundando nuevos conceptos, un libro que es, al menos aquí, 757 libros más. Si la aplicación sigue evolucionando y se le añade en algún momento alguna de las herramientas que sirven hoy para visualizar la información (algunas de las que hemos visto en entradas anteriores), contaremos, sin duda, con auténticas e incipientes ontologías del conocimiento.

No poseo ni mucho menos la clarividencia y precisión de Wittgenstein para describir, mediante sentencias afiladas y sucesivas, que pudiera ser eso del Tractatus Logico-Digitalicus, pero quizás sirva el ejemplo aducido para comprender que los libros ya no viven solos en la era digital, que todos pueden formar parte, potencialmente, de una tupida y creciente red de hiperenlaces que se teje con los hilos del conocimiento.

3:59 | gestionado por Joaquín Rodríguez | Enviar comentario (3)