Según el último informe elaborado por una de las consultoras más importantes de Alemania, la Gfk (Gesellschaft für Konsumforschung), Amazon es ya el negocio virtual más floreciente en ese país, junto a la casa de subastas online E-bay. Antes de rasgarse las vestiduras y de enfrentarse a molinos de viento, los libreros deberían reflexionar sobre su significado y su futuro.

El estudio de GfK, titulado WebScope zum Kaufverhalten im Internet (Análisis del comportamiento adquisitivo en Internet, con versión también en inglés), pone de manifiesto el imparable ascenso de la librería virtual Amazon.de, por encima de las que la competencia lanzó (Buch.de, Bol.de, Thalia.de, etc.), que en cualquier caso, sumadas, representan ya un 72,4% de la cifra de facturación de todas las librerías en Alemania, un país con un tejido librero mucho más tupido y ágil que el nuestro.
En Francia, comentaba no hace demasiado tiempo, Amazon ha llegado a acuerdos con las editoriales Dargaud, La Découverte, Ellipses, Les Belles Lettres y Le Petit Futé para que los usuarios puedan hojear sus libros sujetándose, puntualmente, a la Ley de protección de la Propiedad Intelectual, y para que los compradores se beneficien de descuentos adicionales en sus compras. La tormenta todavía dura, porque el sindicato del libro francés está empeñado en demonizar un movimiento imparable, como si fuera posible protegerse de los rayos del sol a gritos.
En España, es cierto, varios de los intentos por crear librerías virtuales de esas dimensiones fracasaron estrepitosamente (Bol, Crisol, Submarino, etc.), algunas otras lo intentan hoy día (Casa del Libro, FNAC, etc.), y sólo algunas pueden equiparar su volumen de transacciones al de Amazon (Iberlibro). El pequeño librero independiente se enfrenta a multitud de problemas y su figura y su misión no serán nunca lo suficientemente reconocidas, pero se equivocan de enemigos y erran en sus denuncias e imputaciones, y se confunden todavía más si piensan que están al abrigo del empuje futuro de las librerías virtuales. Sus verdaderos conflictos son la superproducción editorial, los márgenes de descuento, el trato desigual que les dispensan las grandes editoriales, el incremento del precio de los alquileres en los centros urbanos, la falta de lectores, y la tecnificación cada vez más necesaria para gestionar el negocio.
El oficio del librero entraña algo tan complicado como la capacidad de crear vínculos entre lectores y lecturas, de gestionar espacios (virtuales o físicos) donde se propicie el encuentro entre afinidades electivas, las que el libro propone y las que el potencial lector busca, por eso serán las librerías que sepan generar esos territorios -mediante elementos de valor añadido como la personalización de la oferta para el usuario frecuente, la construcción de paseos bibliográficos que sirvan como guía y orientación, la posibilidad de paginar online un libro o, incluso, de escuchar una entrevista con el autor (PodCast), la politica de descuentos, etc.- las que puedan competir con la imparable ola que también llegará a nuestras costas, como un tsunami digital.

En el reciente Congreso Nacional de Libreros, en sus conclusiones, en su punto 4º, puede leerse: "Los retos que se derivan de los cambios tecnológicos que afectarán a la digitalización de los libros y la concentración comercial, han de provocar una actitud proactiva en los libreros para que incorporen a su trabajo nuevas modalidades de venta". Que así sea.