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martes, 20 de marzo de 2007

La Federación de Gremios de Editores de España acaba de publicar las cifras de hábitos de lectura correspondientes al primer trimestre del año 2007, instrumento de análisis primordial para conocer las razones por las que no se lee, para servir como fundamento de posibles medidas políticas que fomenten el hábito de la lectura en aquellos que, por razones estructurales, no hayan podido cultivar el hábito lector. La imagen que la encuesta nos ofrece es, sin embargo, la contraria a la que cabría esperar: una celebración complaciente y sin consecuencias de las cifras de los que ya leemos.


La cuestión quizás radique en la pregunta que titula esta entrada: ¿de qué hablamos cuando hablamos de lectura? ¿para qué deben servir las encuestas de lectura, de hábitos de compra y lectura, para constatar que sólo algunos leemos y reforzar nuestra camaradería, o para subsanar, en la medida de lo posible, las deficiencias estructurales que impiden a muchas personas concebir la lectura como un hábito necesario y placentero? A tenor de lo que la nota de prensa de la Federación explica, la aclaración se conforma con constatar que es en las grandes ciudades, en los núcleos de población con mayor presión demográfica, servicios educativos y culturales y nivel económico, donde más se lee, pero para ese viaje quizás no hubiéramos necesitado esas alforjas:

De lo que se trataría, más bien, es de todo lo contrario: de explicar por qué es en Extremadura y Castilla-La Mancha donde el hábito de lectura es más bajo, qué determinantes sociológicos están interviniendo en esa mengua, qué posibilidades políticas hay de corregirlos, qué planes e inversiones deben acometerse para esa tendencia se invierta; y lo mismo sucedería para los barrios y zonas periféricas o deprimidas de esas grandes poblaciones que, estadísticamente, ocupan el primer lugar, como Madrid, donde las diferencias en la competencia lectora y en los hábitos de lectura y consumo son diameltramente opuestos. Las estadísticas, así manejadas, no nos sirven de nada, a lo sumo para adormecer nuestras conciencias.

Estoy seguro que estas observaciones no son nada originales y que tanto en la Federación como en los Observatorios de la Lectura se estarán dando los pasos para convertir estas herramientas de análisis en verdaderos instrumentos diagnósticos que revelen cuál es la afección y cuál el posible remedio.

8:27 | gestionado por Joaquín Rodríguez | Enviar comentario (1)