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miércoles, 14 de marzo de 2007

Después de quinientos cincuenta y siete años de uso continuado de ese objeto al que llamamos libro -si damos por buena la fecha de 1450 como la de su invención en occidente-, no nos planteamos cuáles pudieron haber sido los problemas de usabilidad con los que pudieran haberse topado los monjes, los lectores, habituados al papiro y su desarrollo longitudinal, sin folios numéricos, sin separación entre las palabras, sin dispositivos textuales que sirvieran al lector para localizar párrafos, palabras, ideas. La historia del ordenador es reciente, la de Internet naciente y la del libro electrónico inexistente. Estamos todavía ensayando con los soportes, aprendiendo cómo pasar las páginas y utilizar los nuevos dispositivos, cómo almacenar la infromación y hacerla sencillamente consultable, identificando los elementos que nos puedan servir de guía y referencia, practicando la puesta en página y unificando criterios tipográficos, de legibilidad. Seis siglos son suficientes para haber resuelto todos esos problemas; apenas treinta años son todavía insuficientes.


¿Qué ocurriría, se preguntan de forma irónica y humorística los autores de este video, si el inventor del libro tuviera que explicar a un neófito que se enfrenta por primera vez al volumen encuadernado las reglas elementales de su funcionamiento? (indispensable saber inglés, si no sueco).

Quizás dentro de otros treinta años los nuevos soportes de la escritura se hayan asentado, sus pautas de uso se hayan normalizado, y las webs hayan dejado de variar su aspecto y sus contenidos, compulsivamente, cada seis meses. Paciencia.

9:37 | gestionado por Joaquín Rodríguez | Enviar comentario (3)