Alguno de los análisis que Roger Chartier ha realizado sobre el mundo del libro se encuentran entre los diagnósticos más certeros que hayan podido realizarse. Uno de sus últimos libros en español, ¿Qué es un texto?, resulta especialmente recomendable para entender la génesis histórica del copyright y las mutaciones futuras a las que, inevitablemente, se verá sometido.

En el artículo que mencionaba en la entrada de ayer, "Librerías y libreros: historia de un oficio, desafíos del presente", Chartier realiza una reflexión sobre los peligros que aquejan a la librería independiente tradicional y arriesga tres razones por las que, según él, su supervivencia estaría garantizada. Por primera vez -en la disensión está muchas veces el avance-, no comparto estrictamente sus criterios, que me parecen más inspirados por el temor a una pérdida que por la neutralidad analítica.
Chartier esgrime:
1. En primer lugar, la librería permite una relación física, material, inmediata con los libros;
2. Estableciendo y haciendo visible un orden de los libros, las librerías, o por lo menos las librerías bien ordenadas, guían a los lectores inquietos fretne a la abundancia de los textos;
3. Finalmente, la librería es una de las raras instituciones capaz de reconstituir alrededor del libro la sociabilidad que hemos perdido.
No negaré ninguna de las tres afirmaciones previas, porque son ciertas, pero sí me atreveré a hacerlas extensivas a las librerías virtuales, y si derogamos la exclusividad supuesta de esas tres propiedades, queda la verdad desnuda al descubierto: las librerías independientes tradicionales deberán librar una cruda y larga batalla con las librerías virtuales por la supervivencia porque son en gran medida equivalentes en fondos y servicios y gran parte de ese duelo se mantendrá en el espacio virtual, con la recalada obligatoria de los libreros tradicionales en el nuevo territorio.
Por fundamentar mis afirmaciones y que no parezcan el fruto de una iluminacion injustificada, bastaría con pensar en las alternativas siguientes:
1. Las tecnologías search inside o turning the page, aplicadas en librerías o bibliotecas virtuales, son el equivalente inmaterial del hojeo físico. No son equiparables, dirán muchos, y así es si uno tiene la posibilidad de visitar una librería, no digamos cuando se trata de la consulta de libros en otros idiomas procedentes de otros países;
2. Los sistemas de etiquetado contemporáneo, mediante el lenguaje XML o mediante taxonomías sociales, permiten ordenar un mismo objeto y un mismo contenido de múltiples maneras no excluyentes, enteramente compatibles, ofreciendo la posibilidad a los lectores, a los investigadores, de realizar descubrimientos inesperados o serendípicos tan inspirados como los que se producen en el mundo físico o más;
3. Cuando me conecto con mi ordenador a una de las muchas liberías virtuales donde dejo literalmente la mitad de mi exiguo sueldo, me conocen, me llaman por mi nombre, me aconsejan compras en función de mis supuestos intereses, basados en un histórico previo de consultas y adquisiciones, y me recuerdan qué libros he hojeado o entreabierto en mis últimas visitas, mucho más de lo que cualquier librero tradicional haya hecho por mí nunca.
No sería capaz de concebir un mundo sin librerías en las calles, sin esos oasis en los que me refugio habitualmente en busca del orden latente del universo, pero mucho tendrán que aplicarse para seguir sobreviviendo.
Y gracias, maestro Chartier, por darme la oportunidad de disentir.