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jueves, 22 de febrero de 2007

Se acaban de presentar los resultados acumulados de las cuatro encuestas trimestrales sobre Hábitos de lectura que la Federación de Gremios de Editores de España realiza bajo la inteligente premisa de dotarnos de suficientes y afinados instrumentos de análisis para comprender por qué los hábitos de lectura en España no despegan y cuáles son las razones, en consecuencia, de la permanente crisis estructural del sector editorial. Pero, ¿cumplen realmente estas encuestas con su objetivo o tiende a realizarse una lectura tergiversada que nos procure consuelo?


La lectura que se realiza de la encuesta de lectura es, como mínimo, bondadosa, pero no creo que eso beneficie en nada a los editores ni deje en buen lugar a las autoridades culturales, porque lo que único que se consigue es evitar tomar las medidas y decisiones que serían realmente necesarias para estimular la lectura.

La lectura de la encuesta de lectura que se transmite a los medios de comunicación dice: en España lee un 55.5% de la población y si somos condescendientes y bienhumorados, e incluimos a los no lectores declarados que una vez al año dicen leer, la cifra puede alcanzar hasta el 60.8% de la población. Mi lectura de la encuesta de lectura, tamizada por el recelo sociológico, diría más bien lo contrario: en España lee, a lo sumo, el 39.6% de la población, quince millones de personas que, teóricamente, tienen que hacer frente a 76.000-77.000 nuevos ISBNs anuales; los denominados lectores ocasionales -los que sometidos a la tensión de la encuesta sociológica nunca declararían su desinterés por un objeto de prestigio-, los que dicen leer alguna vez al mes o al trimestre, el 15.9% de la población, en realidad se encaran con 2 o 4 libros al año, tal como reconoce el comunicado de prensa de la Federación, 2 o 4 libros que coinciden, claro está, con celebrados premios literarios o Bestsellers de fácil consumo tales como los que constan en la lista de más leídos, porque, paradójicamente, este 15.9% de la población dispone de una competencia lectora más menguada y es amante de libros de fácil consumo que consulta masivamente -bien lo saben las editoriales de libros de bolsillo, bestseller o impacto-; el  44,4% de la población restante no incluye al libro, en absoluto, entre las posibilidades de realización cultural.

Este diagnóstico, más desencantado y menos compasivo, me parece, sin embargo, más acertado políticamente, porque va a la raíz del problema que nos aqueja: España es, estructuralmente, un país de no lectores, y si el hábito de la lectura no se adquiere en el núcleo familiar -los hijos de padres con un capital cultural y económico superior suelen ser estadísticamente fieles lectores, tal como muestra la encuesta- porque la transmisión de la práctica es imposible, debería ser la administración educativa y cultural quien procurara el remedio, haciendo de la lectura, el libro y la biblioteca escolar el eje central sobre el que girara todo el sistema educativo.

Estamos muy lejos de ambas cosas, sin embargo: ni el Observatorio de la lectura que promete la nueva Ley del Libro es otra cosa que una entelequia teórica, ni la nueva Ley de Calidad de la Educación apuesta decidida y abiertamente por situar al libro y la lectura en el lugar que merecen.

La verdad, preferiría algo más de crueldad en las encuestas sobre lectura y menos paños calientes.

7:31 | gestionado por Joaquín Rodríguez | Enviar comentario (4)