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miércoles, 21 de febrero de 2007

Es muy probable que existan declaraciones más importantes, completas y enjundiosas que la que voy a perpetrar yo. Sin duda alguna, las declaraciones de Bethesda, la Berlin Declaration on Open Access to Knowledge in the Sciences and Humanities -realizada en el Max-Planck Institut-, la Budapest Open Access Initiative, amparada e impulsada por un filántropo poco sospechoso de no creer en la empresa privada, George Soros, la misma declaración de la muy distinguida Cámara de los Comunes Británica, Science and Technology - Tenth Report o, finalmente, los Washington DC Principles for Free Access to Science, nos advierten de que el movimiento por la difusión libre del conocimiento a través de una edición renovada no es un mero entretenimiento de jovencitos alternativos, sino un movimiento editorial telúrico que conmoverá (está conmoviendo ya) los cimientos de las convicciones editoriales tradicionales.

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Después de la declaración emitida por Bruselas, amparada y arropada por los principales editores multinacionales de revistas científicas y por los más capacitados gremios de editores, y haciéndome eco de las mucho más versadas comunicaciones que me han precedido (de imprescindible lectura), declaro:

1. La misión de los editores es la de maximizar la diseminación del conocimiento a través de modelos de negocio económicamente autosostenibles: PLOS ha demostrado, por ejemplo, que la inversión del procedimiento editorial habitual -pagan quienes publican y leen gratuitamente aquellos a quienes interese- es un modelo de negocio perfectamente viable que reinvierte el dinero público gastado en investigación en la diseminación pública de sus resultados, revirtiendo en la comunidad lo que ésta ha pagado previamente. Existe, qué duda cabe, otros modelos de negocio alternativo que suelen obviarse interesadamente, y que pueden encontrarse en "El régimen económico de las publicaciones electrónicas".

2. Los editores deben organizar, gestionar y financiar el proceso de revisión por pares que sostiene las publicaciones científicas, tanto las publicadas por editores comerciales como las que editan sus contenidos gratuitamente. Nadie, hasta donde yo sé, ha discutido este modelo. Que se lo pregunten a James Watson:

Watson

3. Los editores lanzan, sostienen, promueven y desarrollan las revistas científicas para el beneficio no sólo de la comunidad escolar sino, también, de la sociedad en su conjunto, que con sus impuestos hace posible el desarrollo de la investigación básica, y del procomún universal, permitiendo el acceso a otros países económicamente impedidos a los recursos intelectuales.

4. Los modelos actuales de licencias de contenidos -léase Creative Commons- están arrojando cifras de acceso masivo a las publicaciones científicas y a los resultados de las investigaciones, y queremos que siga siendo así. Cuando las herramientas, los medios de producción, vuelven a manos de quienes los utilizan, ciertos intermediarios dejan de tener sentido.

5. El copyright protege la inversión del autor y del editor, y abogamos porque quien quiera seguir utilizándolo pueda seguir haciéndolo, sin que sea deseable ni posible violarlo. Abogamos, igualmente, por todo lo contrario: porque las sociedades de gestión colectiva de derechos propongan a sus socios el uso de licencias Creative Commons para el crecimiento de los índices de impacto de sus publicaciones, el incremento de su visibilidad y el alcance global de sus trabajos.

6. Algunos editores promueven la creación de archivos protegidos mediante copyright para la preservación a perpetuidad, otros promueven todo lo contrario: archivos abiertos a toda la comunidad científica, a toda la sociedad, open access, en definitiva.

7. Los datos todavía sin procesar de las investigaciones deberían ser accesibles para todos los investigadores, obviamente, tal como viene haciendo hace lustros ArXiv.org

8. La publicación de contenidos en cualquier medio o soporte tiene costes, pero son los editores quienes deciden de qué manera se financian, y no éxiste un sólo modelo canónico que los costee.

9. Los depósitos o contenedores abiertos de contenidos en la red amenazan con desestabilizar los beneficios que se derivan de las suscripciones y acabar con el proceso del peer review, y qué le vamos a hacer. También los libreros se quejan de que las librerías virtuales les quitan clientes y la Enciclopedia Británica de que vende menos desde que la Wikipedia existe y los quiosqueros de que la gente ya sólo lee la prensa en Internet, y la telefonía móvil de que la voz sobre IP les resta cuota de mercado y yo porque...

10. No funcionarán nunca las “soluciones únicas para todos”, efectivamente, y la que menos funcionara de todos es la de un modelo de edición de contenidos científicos, técnicos y médicos anclado en modelos de creación, difusión y uso predigitales.

La Edición 2.0. ya está aquí.

17:31 | gestionado por Joaquín Rodríguez | Enviar comentario (1)