Sven Birkerts publicó en el año 1994 -en 1999 en castellano, en edición de Alianza Editorial-, un libro titulado Elegía a Gutenberg en donde, en tono esencialmente quejumbroso, se lamentaba de la pérdida que representaba la lectura digital, hipervinculada, respecto a la lectura tradicional, lineal. De paso deploraba el desplazamiento que el soporte tradicional en papel experimentaría con la irrupción de los nuevos soportes electrónicos, y suponía que Gutenberg se hubiera disgustado. Yo creo, al contrario, que se hubiera regocijado.

Al principio la discusión se centraba en las propiedades de los textos, en su flexibilidad incrementada, en su capacidad de vinculación, en las puertas que abría a nuevas formas de creación. De ahí, claro, hemos ido dándonos cuenta que la web y los soportes digitales no son solamente un pasatiempo de tecnoadictos, sino una verdadera revolución que afecta a la generación de los contenidos, a su distribución y su consumo, a la manera misma en que vivimos y nos relacionamos, a la manera en que nos comunicamos y convivimos, y todo partió de la doble necesidad que la comunidad científica experimentaba -en particular los físicos de altas energías del CERN- de mejorar su comunicación e intercambiar contenidos y experiencias. Gutenberg, igual que Tim-Berners Lee, no hizo otra cosa que inventar una máquina que mejoraba la producción seriada de contenidos y, con ello, la comunicación entre autores y receptores. Vale la pena leer a este respecto Internet, la imprenta del siglo XXI, de Alejandro Piscitelli.

Pero basta de palabras porque, en homenaje a Gutenberg, nada mejor que visualizar este video, donde se resumen todas las propiedades y potencialidades actuales de los soportes digitales y, también, de los nuevos lenguajes de la edición digital.