Estos días se celebra en la FNAC un encuentro que, con el título de Editores para nuevos tiempos, pretende dar a conocer el trabajo de alguna de las editoriales más pujantes e innovadoras de los últimos años. En sus manos está, al menos, uno de los futuros del libro.

Quizás convieniera, a estas alturas, dejar de hablar de editores independientes, término cada vez más vago y poco representativo, y sustituirlo por el de "Pendiente", porque si algo caracteriza a las atrevidas y a veces algo impetuosas nuevas propuestas editoriales, es su condición de "pendientes", en su doble acepción: suspendidos y hasta colgados, por una parte, y atentos y ojo avizor, por otra.

El común denominador de los editores que intervinieron ayer en el encuentro -Gadir, Nóridica, Sexto Piso y Rey Lear- podría ser el de estar pendientes:
- de un hilo, porque sus propuestas son arriesgadas, casi siempre minoritarias, y la respuesta del mercado es imprevisible;
- de un exiguo capital inicial, que permite escaso margen de maniobra en las negociaciones y adquisiciones de derechos y obliga a convertir a los proveedores en cofinanciadores de la aventura editorial;
- de una distribuidora, que comprenda y comparta un proyecto intelectual de largo aliento;
- de los libreros, sobre todo los independientes, aquellos con los que debería existir una complicidad estructural básica, pasajeros de la misma nave;
- de los medios de comunicación, que pueden o no hacerse eco de sus proposiciones al no existir,en principio, connivencias previas ni acuerdos de beneficio mutuo;
- de unos lectores exigentes que no se conforman con cualquier cosa y buscan en esos sellos casi temerarios propuestas estéticas e intelectuales innovadoras.

Haciendo de la debilidad fortaleza o de la necesidad virtud, los editores pendientes convierten su recortada soberanía en su principal capital.
Y un sólo aviso para navegantes: el último informe de la Unión Europea sobre la salud del sector editorial advierte que es tan fácil convertirse en editor como dejar de serlo, que la aventura intelectual durará siempre y cuando el editor no desdeñe el fundamento empresarial de toda actividad económica... Y el mero voluntarismo o el abierto desdén hacia esa fastidiosa dimensión, no son los mejores acompañantes en ese difícil trayecto.