En un artículo recientemente aparecido en la historica Revista de Occidente, titulado "No hay réquiem para el libro todavía", la escritora y periodista Irene Lozano razona, de manera sesgada e insuficiente, sobre el futuro del libro y, particularmente, sobre los tecnopaletos -como yo- que creen que estamos inmersos en una revolución sin retorno y que no encuentran "enfrente discursos sólidos, articulados, coherentes y con prestigio" (¿como el suyo?).

Confieso que me inscribo, un tanto inmerecida y pretenciosamente, en el linaje de los tecnopaletos históricos, estirpe entre los que se cuentan el inventor de la escritura, el de la imprenta, el de internet y el de algunos otros soportes menores como el papiro y el pergamino. Todos ellos, a espaldas de una población mayoritariamente analfabeta, se empeñaron en inventar soportes innecesarios sin socorrer de sus miserias a sus contemporáneos, o al menos eso se colige del artículo citado. Y es que, como en muchas otras ocasiones, los artículos que supuestamente reflexionan sobre el futuro del libro no pasan de ser una defensa atrabiliaria del libro de papel, argumentación legítima si no fuera porque se abastece de lugares comunes y desfigurados. No se trata, en esta tarea intelectual que pretende augurar cómo serán los libros del futuro, con ponerse de una u otra parte (tenófilos o tecnopaletos, como la autora los llama, o tecnófobos o tecnobobos, como podría responderse).
Por no convertir esta entrada en una innecesaria tesis doctoral, resumiré la argumentación y la contraargumentación:
1. "Tres siglos antes de Cristo parecía estar mucho más calro que hoy que lo relevante de los libros no es su formato, sino su contenido". No, en absoluto: hoy más que nunca está claro que lo esencial es el contenido, que la digitalización lo que propicia es una disociación neta entre una materia fluida -el contenido- y un soporte físico o no en el que se vertirá. Lenguajes como el XML permiten una segregación absoluta entre dos entidades históricamente indisociables. Antes, históricamente, desde luego, no lo podían tener, simplemente, tan claro;
2. "Los motores de búsqueda de internet son inútiles para este tipo de pesquisa incierta, necesaria y siempre sorprendente" (se refiere a una búsqueda serindípica, un hallazgo casual fruto de una búsqueda humana cualificada): no, en absoluto, los buscadores añaden inteligencia a nuestra inteligencia, bien mediante sus algoritmos de coincidencia, bien porque haya indexado todos los términos de un contenido determinado y sean capaces de descubrir patrones inencontrables para el ser humano ,bien porque se fundamenten sobre una indexación o cualificación humana previa.
3. "La patraña de la democratización": no, no es una patraña, la digitalización y los movimientos de acceso abierto, parte del procomún de la Internet 2.0., ponen al alcance de muchas personas un inmenso patrimonio de contenidos. Eso, obviamente, no redime a los analfabetos y necesitados de su condición, igual que la imprenta no ilustró ni emancipó a los menesterosos. Las políticas de alfabetización y de superación de la brecha digital son estrictamente necesarias, políticamente exigibles, pero su desarrollo y aplicación no invalidan ni un ápice el valor de la revolución digital.
4. "En el fondo, es una frivolidad no ver que lo importante no es el objeto libro, papiro, tablilla sumeria o pantalla, sino los bienes inmateriales que proporciona el texto al que lo lee: sabiduría, conocimiento, diversión, evasión, reflexión, entretenimiento": sí, claro que lo vemos, en realidad si los nuevos soportes y tecnologías nos interesan no son por su demoniaca atracción, sino porque ponen de relieve, más que nunca en la historia, que lo importante es el contenido que nos permite aprender, divertirnos, evadirnos, reflexionar, entretenernos, independientemente del formato y el soporte en que se haga.
5. "La visión del libro de Kelly, netamente despectiva hacia el sujeto de la lectura, da aún otra vuelta de tuerca cuando asegura que los libros impresos son estáticos y «permanecen aislados unos de otros» en las estanterías. Por el contrario, en la arcadia de la biblioteca universal de Google «ningún libro será una isla», dice para elogiar el dinamismo de los libros que viajarán por la red. Sin embargo, el movimiento decisivo de un libro no es esa especie de ajetreo virtual, sino la influencia de las ideas en él expuestas, las imágenes creadas, las agitaciones neuronales que desencadena": la digitalización de los contenidos, convertidos en fluidos potencialmente fragmentables, y las propiedades de la hipervinculación, hacen que, al menos teóricamente, ningún libro acabe donde acababan los libros en papel. La inteligencia humana puede, obviamente, tender puentes y relaciones entre miles de libros escritos exclusivamente en papel; las nuevas tecnologías, sin embargo, lo incorporan como una propiedad intrínseca y sorprendente (¿habrá consultado Questia, Safari Books, el servicio de publicaciones de la UPC, la National Academy Press?).
6. "Con todo, lo que agrava los riesgos de caer atrapado en la red, en lugar de moverse por ella, no es Google, sino el debilitamiento del autor como figura intelectual y la nula influencia social que se le reserva. Para los tecnófilos de última generación, el libro del futuro vendrá acompañado de una devaluación del contenido, porque la multiplicidad de copias le hará perder valor económico, y el cultural o el político no parecen entrar en sus consideraciones": no, en absoluto, seguimos creyendo en el autor o los autores, y en el valor de los contenidos, pero sucede que las tecnologías nos permiten crear de otra manera, incluso colectiva y anónimamente, y podemos licenciar nuestros contenidos de manera gratuita y decidir que sean manipulados, distribuidos, disfrutados.
7. Por último, y para no cansar a un lector seguramente ya agotado, si es que ha llegado hasta aquí, la guinda: "La fascinación del tecnopaleto, que abraza todo nuevo invento electrónico y desecha lo viejo sin mayores consideraciones, trasluce en su intencionado contraste entre el «viejo libro polvoriento» y el «objeto de alta tecnología», es decir, apto para la vida contemporánea": me enorgullece ser un tecnopaleto apasionado por los libros en papel, de los que almaceno miles, sin que eso me impida reflexionar sobre su futuro, sobre sus futuros probables, de manera desapasionada.
La revolución que vivimos, como dejó escrito el maestro Chartier, afecta a la producción de contenidos, a su difusión y reproducción, a su uso y consumo, y esa triple coincidencia la hace la más grande e irreversible de las revoluciones de los soportes acontecidas en la historia. ¿Será este discurso lo suficientemente sólido, articulado, coherente y de prestigio, o un blog no vale?