En la última semana hemos asistido, algo atónitos, al cruce de nombres y fichajes en diversas editoriales de fuste. Ya no son sólo los clubs de fútbol los que muestran un absoluto despego o desasimiento hacia sus jugadores, haciéndolos perfectamente intercambiables, sustituibles, aniquilando con ello cualquier rastro de identidad propia, de espíritu de club. También las editoriales saben hacerlo, cada vez mejor.
Nada más legítimo que cambiar de trabajo, que buscar nuevos retos y nuevas metas, que alcanzar los objetivos que uno se haya planteado en la vida; nada más legítimo que las editoriales busquen y contraten, por su parte, a quienes puedan hacerlo mejor, ser más competentes y profesionales y conducir con más acierto los planes que se hayan trazado. Lo misterioso, sin embargo, viene cuando quienes dirigían algo en la editorial X lo harán ahora en la editorial Y y quien lo capitaneaba en la editorial Y lo haga después en la Z que, a su vez, acabará haciéndolo en la W... Lean lo que Manuel Rodríguez Rivero escribió el sábado 27 de enero en el ABCD las letras:
"Las últimas movidas en Ediciones B, Santillana y Planeta traen cola y dejan sillas vacías en los puestos intermedios. Cristina Hernández Johansson, antigua editora en B, pasa a llevar en Ediciones Roca la línea de «novela histórica», negra y misterio, con lo que Blanca Rosa Roca prosigue su dulce venganza. Pablo Álvarez se va de Martínez Roca (Planeta) para ocupar el antiguo puesto de Ana Rosa Semprún (ahora en Espasa, Planeta) en Suma (Santillana). Y, según mis topos (que me piden discreción, no vaya a fastidiar el deal), pronto tendremos noticias sobre la dirección de Ediciones B. Y es que nuestro mundo editorial es pequeño, y las oportunidades limitadas. Claro que esas sillas se reservan a los «fichajes». Y se ficha no sólo por experiencia, sino también por el «crédito» del abducido con los autores: es decir, por su (presunta) capacidad para traer consigo a escritores importantes (en términos de ventas). Claro que eso no es un axioma, y los «primos zumosol» no siempre le acompañan a uno al nuevo destino. Con lo que se inicia de nuevo el juego de la silla".
Ese mismo día, coincidencias del destino, El País informaba que el candidato elegido para comandar Ediciones B era Ricardo Artola, a la sazón director literario de no ficción de la editorial Planeta.
Ingenuamente, con el candor que los años todavía no me han arrebatado, me pregunto: ¿si los editores son intercambiables, conmutables, y los unos ocupan el puesto de los otros, quiero eso decir que las editoriales son en el fondo las mismas y que los libros que producen son igualmente canjeables o permutables, que no poseen identidad propia o que todos comparten las mismas señas de identidad?