En el año 2002 la UNESCO otorgó su Literacy Price a las bibliotecas itinerantes de elefantes tailandeses, porque a grandes carencias, grandes soluciones, debieron pensar.

Llegar a comunidades remotas, desabastecidas, iletradas, marginadas y periféricas es una prioridad que cualquier gobierno con cierta conciencia social debería respaldar cuando no promover de manera activa. Si no existen las conexiones inalámbricas o la impresión bajo demanda es una quimera, si lo caminos no son ni siquiera aptos para todo terrenos o autobuses y no cabe recorrerlos a pie, siempre queda la opción de echar mano de aquellos animales que, adaptados perfectamente a su entorno, son capaces de alcanzar hasta las comunidades más remotas.

Ese fue el planteamiento del gobierno tailandés y keniata cuando decidieron utilizar los elefantes y los camellos para acercar los libros a comunidades nómadas alejadas de los centros administrativos en los que todavía cabe encontrar bibliotecas públicas. Los elefantes tailandeses llegan a cuarenta y seis remotos pueblos de las montañas del norte de Tailandia y acarrean consigo cajas de libros, generadores, computadoras, antenas de satélite, reproductores de CD y video y aún le caben pizarras en sus mochilas; los camellos keniatas transportan cada uno de ellos hasta 300 libros, 220 más que nuestros amigos colombianos, además de las mesas, sillas y tiendas que servirán para montar una biblioteca nómada transitoria en los territorios que visitan.
Los dos proyectos se plantean dar respuesta a siete problemas:
1. Proporcionar acceso a los libros;
2. Luchar contra el analfabetismo en comunidades en las que los índices pueden alcanzar al 85% de la población;
3. Apoyar a la educación formal o reglada de cada país;
4. Respaldar a los grupos más desfavorecidos y vulnerables y promover el acceso al conocimiento y la educación;
5. Proporcionar información e instrumentos para el placer, el ocio, el conocimiento y la investigación;
6. Estimular el interés público por los libros.
7. Incluir, en este empeño, a las comunidades más innacesibles geográficamente.
Cuentan que en el Siglo X el visir al-Sahib ibn Abad al-Qasim Ismail, viajaba a través de los desiertos pérsicos con cuatrocientos camellos a cuyos lomos transportaba 117000 libros. La patria de los lectores, sin duda, es aquella donde están sus libros.