No sólo hay que remontar cordilleras insalbables de alturas inaccesibles para hacer llegar los libros a las comunidades y colectivos más ajenos a la letra impresa. A veces hay que remontar cauces, salvar crecidas y arribar a orillas inabordables. Esto es lo que hacen los bibliobongos y las bibliofalcas, entre otras bibliotecas acuáticas del mundo.

En los márgenes de los ríos Orinoco-Atabapo, en Venezuela, viven las comunidades indígenas de los piaroas, guahibos, puinabes y curripacos. Para hacerles llegar la letra escrita no sirven los biblioburros, ni físicos ni digitales. Para franquear el curso fluvial y alcanzar con cierta regularidad a esas comunidades no quedaba otro remedio que concebir una biblioteca flotante, una biblioteca fluvial. Existen en Venezuela tres tipos: el bibliobongo, que es una embarcación de madera de palo de mure, de unos 17 metros de largo,elaborada según técnicas autóctonas,protegida con pintura anticorrosiva, y rematada con un tejado de cinz que sirve como techumbre y cobertura. Transporta, sobre todo, libros infantiles y juveniles además de material escolar.
En época de lluvias, no olvidemos que estamo en el trópico, el bibliobongo no es capaz, aparentemente, de remontar la corriente embravecida por el caudal creciente. Para que las comunidades indígenas pudieran seguir paledeando el placer de la lectura, se puso en funcionamiento la bibliofalca, una embarcación mucho más espaciosa y estable que no sólo hace las veces de buque de carga sino de verdadera biblioteca acuática dentro de la que los niños leen y realizan actividades manuales.
Como si de una zodiac de la lectura se tratara, preparada para intervenciones rápidas y urgentes, se puso en funcionamiento la bibliolancha, con una capacidad de ocho puestos.

Las bibliotecas marítimas pueden encontrarse casi en cualquier punto del globo y su variedad es tanta como lo son los países y culturas donde se usa e implanta: Noruega tiene una constrada tradición de bibliotecas naúticas que conectan los inaccesibles pueblos situados en los fiordos. El Epos transporta 6000 libros en sus bodegas y hace más cortas las largas y oscuras noches del invierno. El Kusko Book Express es un pequeño bote a motor que se utiliza en el verano de Alaska para dar de leer a los niños y jóvenes que, junto a sus padres, pasan temporadas largas en las zonas de pesca. El rio Chao Phraya recorre Bangkok y su cauce es recorrido por un bote con una capacidad para contener 2000 libros que son leídos en alguno de los trece puestos que contiene o son prestados a los lectores que lo solicitan.
Los caminos de la lectura -aunque haya que caminar o navegar sobre las aguas- son infinitos e inescrutables.