En la última conferencia anual de los editores del Reino Unido, la PA's International Conference, celebrada el pasado 14 de diciembre, hubo opiniones encontradas sobre el futuro del libro, alguna de ellas interesante.
El semanario especializado The Bookseller lo titulaba así: Clash over future of books, algo engañosamente, porque las opiniones aparentemente encontradas de los especialistas apuntaban, más bien, en un mismo sentido: el de la progresiva sustitución del libro tradicional y las librerías de "ladrillo y argamasa" por libros electrónicos y liberías virtuales. El más punzante y acertado de los intervinientes fue Ray Hammond, futurólogo profesional entre cuyas áreas de adivinación se encuentran la del futuro del libro, el comercio electrónico o la generación de una economía del conocimiento colectiva en la Web 2.0. Sus argumentos, sin que ofreciera una reflexión sociológica o científica muy fundamentada, sí apuntan hacia tres cuestiones que ya han sido mencionadas previamente en este Blog: a) que los libros en papel convivirán con los libros que puedan descargarse de la red durante largo tiempo, sobre todo los de contenido literario, cuya naturaleza lineal y autosuficiente los hace más propensos a conformarse con sus límites actuales; b) que el crecimiento previsto en las descargas en los próximos cuatro años se situará en torno al 5% por ciento del total publicado, momento a partir del cual se prevé un crecimiento exponencial; c) que las librerías de "ladrillo y argamasa", las librerías físicas a las que acudimos habitualmente, serán cada vez más un escaparete al que vayamos a hojear (si es que no nos dejan hacerlo antes en la web) lo que luego encargaremos en una librería virtual.
Pero la mayor de las sorpresas, al menos para mí, fue cómo la argumentación de John Sutherland, supuesto oponente, acabó siendo aún más taxativa y terminante que la de su contrincante intelectual: el hecho de que la mayoría de las editoriales pretendan contratacar la ola digital mediante el lanzamiento de ediciones baratas y de bolsillo, no es otra cosa que una enana blanca -el remanente estelar que resulta del agotamiento del combustible nuclear de una estrella, usando un símil astronómico- o la punta de un iceberg antes de deterretirse completamente.
Se admiten apuestas.