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martes, 26 de diciembre de 2006

Como muchos cuentos de navidad, la acción transcurre lejos y los personajes nos son, en buena medida, ajenos, pero la trama y las consecuencias que de ella se desprenden nos atañen y nos conciernen como si de un asunto propio se tratara. Así puede leerse la controversia nacional que esta navidad se ha suscitado en Alemania en torno a la editorial Suhrkamp.


Siegfried Unseld fundó y dirigió con tesón y puño de hierro la editorial alemana más prestigiosa, Suhrkamp Verlag, vanguardia del pensamiento crítico y baluarte de las vanguardias artísticas. Su sello, un verdadero laboratorio de ideas, posee un catálogo exuberante y está poblado de autores internacionalmente premiados. Su prestigio se construyó prácticamente sin concesiones a la galería, sin indulgencia con los gustos de la época. Como editorial de ideas, cada libro tenía que hacerse su sitio, buscar sus lectores, al revés de lo que los manuales básicos de márketing recomiendan.

Tras su muerte, hace ahora cuatro años, se desataron las tormentas de la sucesión. Su mujer, Ulla Unseld-Berkéwictz, se hizo con las riendas de la editorial no sin dejar a su paso una estela de cadáveres y una sonada ruptura con el hijo de Siegried, Joachim (con el que el padre había también roto tiempo atrás).

Ulla ha sido acusada de utilizar brujas (sí, he escrito brujas) para atemorizar y hechizar a sus enemigos internos y externos, de incurrir en gastos desorbitados, de desarbolar a la vieja guardia editorial y de realizar un tránsito editorial cuestionable a la new age. No pocos autores han decidido, en ese camino del calvario, abandonar la nave.

En este cuento ejemplarizante no deben faltar los (supuestos) espíritus maléficos que desean hacerse con el control de la editorial en forma de accionistas casi anónimos representantes de grandes empresas. El 29% de las acciones de la editorial pasarán el 1 de enero de 2007 a manos de dos promotores de Hamburgo que han adquirido su parte a la histórica familia Reinhart. En Suhrkamp temen que esa incursión desnaturalice su catálogo pretendiendo controlar su línea editorial.

Hasta tal punto se toman estos asuntos en serio en Alemania que se ha convertido en un verdadero asunto de debate público, en un tema que afecta al patrimonio intelectual e histórico de un país, y por eso, los principales escritores e intelectuales -Ulrich Beck, Martin Walser, Christa Wolf, etc.-, abogan por una reinvención del sello que redefina su línea prográmatica ateniéndose a los mismos valores que sirvieron para fundamentar y propagar su prestigio. Igualito que aquí.

Tenemos, pues, casi todos los personajes de esta historia navideña y ejemplarizante que parece más bien gótica pero que encierra una lección: un espíritu fundador y desaparecido; un heredero despechado; una viuda hechicera; un montón de cadáveres andantes; unos compradores anónimos que quieren cambiar el rumbo de la editorial; un grupo de intelectuales militantes que no se conforman con que un sello editorial, bastión de las ideas y movimientos artísticos de vanguardia durante decenios, se malogre. ¿Cuál será el desenlace? Lo veremos a partir del 1 de enero próximo. Mientras tanto, no me queda otra cosa que desear que nuestros intelectuales se inmiscuyan de la misma manera en la definición de lo que un sello editorial -algunos sellos editoriales- deberían significar.

 

10:36 | gestionado por Joaquín Rodríguez | Enviar comentario (0)