El que se llamara inicialmente Open eBook Forum (OeBF), hoy International Digital Publishing Forum (IDPF),puso en evidencia la necesidad de acabar con la guerra de formatos y soportes propietarios para dotar a los futuros libros electrónicos de mayor versatilidad y flexibilidad.

Como la mayoría de las guerras en torno a los soportes y los formatos, se empieza creyendo en la autosuficiencia y la invatibilidad y se acaba asumiendo la necesidad de comunicación y compatibilidad. En buena medida, parte del fracaso de los primeros libros electrónicos se debió a su empecinada lucha por la imposición de formatos propietarios en un mundo en el que el XML se concebía para todo lo contrario, para permitir el intercambio de información y datos en la web y entre aplicaciones diversas. De hecho, las últimas especificaciones técnicas elaboradas y difundidas por la IDPF, el Open eBook Publication Structure Container Format (OCF), está basado en gran medida en la utilización de metadatos construídos en XML. Esto sitúa la competencia entre los dispositivos en otro terreno: si ya no se trata de imponer de manera suicida un formato propietario y autista, se basará, en todo caso, en las prestaciones, servicios, legibilidad y portabilidad mejoradas, etc. Todos ganamos con eso, y los fabricantes se aplican en investigar sobre la experiencia lectora, como hace el HP Digital Media Viewer -y llegando a la sorprendente (o no tanto) conclusión de que el dispositivo electrónico debe reproducir exactamente la experiencia lectora que tenemos al leer un libro en papel (incluso al pasar las páginas)-, o sobre la polivalencia y versatilidad del soporte, como hace el Sony Reader -convertido en un reproductor multimedia al que sólo le falta la conexión inalámbrica (olvido paradójico en un objeto que aspira a mejorar la autonomía y la portabilidad).
Las cosas, claro, no acaban aquí, porque la tendencia parece claramente apuntar hacia soportes que integren todas las capacidades de reproducción de distintos formatos conocidas -texto, imagen estática, video, música-, que permita la comunicación y la conexión inalámbricas, que se convierta en almacén de nuestra memoria -agendas, PDAs, etc.-, que sean portables, legibles y maximicen su autonomía. Eso es lo que están haciendo ya fabricantes como Polymervision y Toshiba, entre otros.

Los libros electrónicos, ya va siendo hora de decirlo, pueden generar una experiencia lectora más rica, al integrar sonidos, imágenes y enlaces hipertextuales que rompen con la experiencia de la racionalización y lectura lineales; nos proporciona mecanismos de búsqueda, de marcado, de vuelta atrás, de forma que la localización de los nombres, términos o conceptos es mucho más sencilla; son soportes que pueden almacenar gran cantidad de información, de distinta naturaleza y formato; proporcionan canales de comunicación simultáneos, de forma que el soporte es, además, una pasarela de comunicación que puede gestionar la descarga y adquisición de sus propios contenidos. No me parecen pocas ventajas, desde luego.