En el anterior comentario del mismo título recogimos documentación sobre las competencias que el profesional debe desarrollar, como tal fisioterapeuta sin otra categoría académica adicional, en el campo de la investigación y de la actualización en el ejercicio de su labor; sobre la incorporación de valores en esas competencias en los códigos deontológicos de obligada observación; y sobre la formación que los nuevos planes de grado deben incorporar para asegurar la adquisición de esas competencias. Pero, ¿somos conscientes de esto? ¿Lo son los estudiantes de Grado presentes y futuros? ¿Se han incorporado los contenidos sobre esas competencias en los nuevos planes?Palabras clave: fisioterapia, formación, grado universitario, proceso Bolonia, competencia, investigación.
El fin de la formación pregrado
del estudiante en Fisioterapia, como en cualquier otra
disciplina, es su preparación para ejercer la profesión en unas
condiciones tales que garanticen el desempeño de su labor. Idealmente esas
condiciones deben ser las mejores posibles. Al menos ese será el reclamo de una
universidad que quiera atraer alumnos a sus aulas. Pero, suponiendo que esta no
sea la prioridad de la institución, lo mínimo sería preparar al futuro
profesional para que realice las funciones que le son legalmente exigibles.
Parece obvio, evidente, indudable. Sería innecesario hacer esta demanda a la
universidad, más , si cabe, si está sostenida con fondos públicos. Siendo esto
así (si esto se cuestiona pedimos que se nos corrija) la universidad debe
preparar, en el caso de las profesiones sanitarias, para asistir, investigar, gestionar, dar docencia, informar y educar. Tal
dice la ley
44/2003
,
como vimos en el anterior
comentario, sobre las funciones del profesional. Igualmente, se le puede
solicitar al fisioterapeuta que participe en programas de investigación como
parte de su tarea, para lo que habrá de estar preparado al terminar sus
estudios de Grado, como lo debe estar para aplicar cualquiera de las técnicas
que le son propias.

La actuación del profesional, como es natural,
debe ajustarse al conocimiento actual, contrastado, basado en las pruebas
disponibles sobre efectividad y eficiencia. Si existen, deben conocerse y
utilizarle las guías de práctica clínica basadas en la evidencia. Para
que esto sea así el estudiante debe tener las herramientas necesarias para
acceder a esa información. No conocemos otra manera de estar al día, o al menos
intentarlo. Lo mismo puede decirse de la formación continuada, a la que el
profesional tiene derecho y
deber. Una
gran parte de la misma será autónoma por lo que tenemos que saber dónde están
las fuentes del conocimiento.La
formación continua y el sometimiento a la práctica basada en el
conocimiento científico son preceptos éticos y la formación pregrado debe incorporarlos.
De nuevo se ha de colegir que esto implica adquisición de destrezas en la
búsqueda de información. Por otro lado, estas habilidades son el paso esencial
en cualquier proceso investigador, desde el caso único hasta el estudio de una
gran cohorte o el ensayo clínico.
Las prácticas preprofesionales (es decir, las estancias clínicas o el practicum) han de
integrar todos los conocimientos, actitudes y valores. Por lo tanto, en las
mismas la actitud vigilante, despierta, inquieta, crítica, para incorporar,
entre otras cosas, los conocimientos actuales sobre una enfermedad o técnica
obligan a tener nociones amplias de cómo buscar esos conocimientos. Y, en el
momento actual, resultan imprescindibles las tecnologías de la información, el
acceso a internet y el manejo de bases de datos solventes. ¿Se atreve alguien a
discutirlo?