Somos muchos los que de una u otra forma participamos de este mundo global con nuestras aportaciones. Creemos, modestia aparte, que lo de pensamos y decimos puede serles de interés a otros, puede contribuir a generar o cambiar opiniones, tal vez aumentar el reconocimiento propio o de nuestras organizaciones o disciplinas, y, siendo un poco pretenciosos, mejorar este maltrecho mundo.
En nuestro caso la idea de crear
una bitácora o blog vino movida por aportar opiniones, sugerencias e
informaciones que pudieran ser útiles para otros fisioterapeutas, además de
divulgar las mismas entre otros profesionales y público en general. Siempre desde
la perspectiva de compromiso con la Fisioterapia como disciplina científica
acuciada por problemas compartidos y propios. Además, desde una posición
éticamente comprometida con la idea de servicio público de los servicios
sanitarios orientada a la prestación de altos niveles de calidad. Por otro
lado, imbuida también por una vocación
docente, inspirada igualmente en la necesidad de fomentar una formación pre y
posgrado tendente a la práctica basada en las aportaciones científicas propias
y de otras disciplinas (para ver la aportación de las bitácoras al mundo educativo ver aquí).
Todos estos propósitos pueden calificarse de generosos, altruistas, fruto de
una espíritu desprendido, pues normalmente el tiempo dedicado a las
contribuciones más o menos periódicas a nuestras bitácoras no conlleva más
contraprestación que comentarios alentadores de algún lector. Es la maravilla
de Internet la que nos alienta a pensar
que no todo se hace a cambio de algo. Sin embargo, reconocemos o intuimos en
los creadores de páginas o publicadores de entradas en blogs, depositantes de contenidos en las redes sociales, bases de
datos virtuales, o sitios de intercambio, una cierta vanidad bien entendida. Esa valentía supone la
intención de presentar o hacer valer nuestras opiniones o inquietudes, nuestras
creaciones, nuestras experiencias, con el ánimo de que alguien o muchos les
presten atención.
Más allá de estas consideraciones
hay otras de índole práctico que animan a publicar lo que pensamos y conocemos.
Las ventajas de internet son muchas. Nos proporciona una plataforma
generalmente gratuita para editar los mensajes, de una forma inmediata, con la
periodicidad que nos marque nuestra voluntad o disponibilidad, sin filtros ni
intermediaciones, con la posibilidad de interaccionar con el lector a través de
sus mensajes, o de enlazar con otros sitios de interés. Y todo ello sometido a
una suerte de “darwinismo internauta” que nos desplazará de la atención de los
buscadores y lectores si no les gustamos o atraemos.
Sin embargo, las ventajas de este formato de publicación
no le eximen de peligros. La libertad con la que nos expresamos está marcada
por la subjetividad en muchas ocasiones, con el sesgo sobre la realidad que
ello puede suponer. Esa vanidad antes aludida puede convertirse en presunción, espoleada
por el ansia de lectores, en la necesidad de publicar sin calibrar el alcance o
la calidad de lo dicho. Si además ello logra audiencia, se pueden propagar
mensajes que confundan al lector.
Creemos firmemente en la bondad
de estas herramientas. Como otras muchas cosas todo depende del uso que se le dé.
Nosotros, como hasta ahora, seguiremos publicando sobre todo lo que creamos que
pueda fomentar una mejor Fisioterapia, una mejor sanidad y, con ello, una mejor
sociedad. Además, esta es nuestra particular blogterapia, pues nos hace sentir que aportamos algo a nuestros
colegas y a quien quiera escuchar.