La presencia de las mujeres en un
número cada vez mayor de ámbitos laborales, en la educación superior y,
en concreto, en todo lo concerniente a las profesiones sanitarias, es
objeto de tratamiento en este trabajo. Se aborda la llegada al mundo
laboral cualificado de la mujer, su presencia en puestos de
responsabilidad, los obstáculos que paradigmas incrustados en nuestra
mentalidad social suponen para el desarrollo profesional de la mujer,
la presencia femenina en los altos puestos de la universidad o su
implicación en la investigación y publicación de trabajos.
Las profesiones
sanitarias son cada vez más femeninas. La Medicina se está sometiendo a
un proceso de feminización y la Enfermería se consideró durante mucho
tiempo, desde una perspectiva peyorativa, como una profesión de
mujeres. La Fisioterapia es hoy día ejercida en su mayor parte por
mujeres. Sin embargo, esto se contrapone a la escasa presencia de la
mujer a la cabeza de colegios profesionales, organismos de educación
superior o como investigadoras y publicadoras de ciencia.
La Fisioterapia no
supone una excepción aunque, junto con Psicología, Farmacia y
Enfermería, supera el 40% de mujeres en las juntas directivas de los
consejos generales de los colegios profesionales. La Fisioterapia es
una de las profesiones más feminizadas, con un 67 % de mujeres
colegiadas. En cambio, solamente un 7% de las presidencias de los
colegios de Fisioterapia están ocupados por mujeres.
No pretendemos dar
explicación de este fenómeno pero es fácil entender que el lastre del
pasado es de difícil y lento alivio. Los roles asumidos por las
mujeres, las injustamente asumidas tareas sobre el hogar y el cuidado
de los hijos, dificultaron y dificultan el ejercicio de una profesión
que requiera un cierto grado de dedicación. Es verdad que la pretendida
conciliación entre familia y trabajo se antoja imposible en
determinados puestos. Y también es cierto que dada la incompatibilidad,
real o incorporada al conjunto de nuestras creencias, se ha supuesto
que es la mujer la que sacrificaría su profesión o una dedicación más
intensa a la misma que promoviera su progreso. Parece que el discurso
predominante, a pesar de las normas legales, mantiene el trasfondo
de una mentalidad que pretendemos o quiesieramos superada.
Como fisioterapeutas
estamos acostumbrados a trabajar con y entre mayoría de mujeres y nos
parece lo más normal en los centros de trabajo sanitarios. No somos
conscientes de diferencias salariales o laborales más que por motivos
de obligada necesidad como los derivados de la maternidad y lactancia.
Tal vez esta situación pueda ser distinta en ámbitos de la sanidad
privada. Pero de lo que sí nos percatamos es de los recogido en el
referido informe: el hecho de la maternidad condiciona el desarrollo
profesional de muchas mujeres. Existen otras diferencias relacionadas
con el género en el entorno sanitario. Así se habla de atención diferenciada en cuanto a la atribución de diferentes formas y objetivos en el tratamiento del paciente si este es hombre o mujer; la diferente atención en la consulta, cuando las médicos mantienen, por ejemplo,una actitud más comunicativa y participativa que los médicos; diferencias en el diagnóstico y el esfuerzo terapéutico
(diferentes diagnósticos según género del médico, diferentes
tratamientos según género del paciente, diferente grado de consumo de
medicación, etc.); diferencias en el nivel de satisfacción,
con preferencias por uno u otro sexo según zona corporal a tratar,
mayor valoración de la mujer médico, o con prejuicios negativos si el
tratante es mujer y además joven.
En
cuanto a la formación de los profesionales sanitarios se afirma que
"es preciso advertir a profesionales, en su periodo de formación
académica y de la forma más normalizada posible, sobre los mecanismos
de acción de los estereotipos. Porque los estereotipos condicionarán
sus opiniones, valores y expectativas profesionales sobre cuestiones
claves, como los modos de enfermar de hombres y mujeres, las
enfermedades o los puestos de trabajo propios de cada sexo, las
profesiones masculinas y femeninas, el antitético valor de los cuidados
y las innovaciones, o el diferente uso del tiempo profesional que
destinarán ellos y ellas a la investigación y a la escucha de la
población en la consulta ".
En lo que atañe a la Fisioterapia se ha observado "una diferente disposición a la promoción
entre mujeres y hombres, más común entre los hombres, como también era
más probable que los hombres publicaran más artículos que sus colegas.
Las mujeres tenían menos contacto con sus superiores. Estas diferencias
contribuían a las diferencias salariales, de rango y liderazgo entre
colegas de una misma especialidad".

De lo expuesto se distinguen diferentes actitudes según género de los profesionales en su ejercicio, de los pacientes hacia los profesionales, de los profesionales ante los retos y demandas laborales y familiares. Esto repercute en la practica diaria y en la proyección del profesional hacia los usuarios y hacia su carrera. Pero, además, afecta de lleno a la evolución de la profesión. En el caso de la Fisioterapia las distintas sensibilidades en los dirigentes de colegios, asociaciones, sociedades, condicionadas por el género, pueden influir en las directrices y prioridades de los mismos. Tal vez la orientación que se de en actividades formativas, la importancia que se de a facetas de la salud de la mujer (fisioterapia uroginecológica, fisioterapia en pre y postparto, etc.) sea distinta. La formación del fisioterapeuta debe tener en cuenta las consideraciones en cuanto a las percepciones sobre género de los pacientes y la diferencias expuestas sobre la práctica del profesional. En nuestra tarea formadora de pregrado hemos de tener en cuenta nuestras actitudes hacia los usuarios haciendo que tiendan a la eliminación de los prejuicios y las creencias aludidos. No es admisible aceptar posturas y comentarios que privilegien la labor de un fisioterapeuta en razón de su género. Por otro lado, dado el desequilibrio que se da en el ámbito investigador en cuanto a la presencia en el mismo por parte de la mujer, es una pérdida lamentable que las ideas, las aportaciones y el trabajo de muchos fisioterapeutas, se vea constreñido o abortado por las dificultades sobrevenidas por ser mujer. Dada la necesidad de la investigación y de la formación en la misma deberíamos impulsar la implicación de cuantos más mejor. Ello puede suponer medidas de discriminación positiva en la asignación de recursos y becas hacia las mujeres interesadas. Es sólo una idea. Cualquier aportación que contibuya a fomentar el cambio de aptitudes y talantes en pro de una equiparación real de hombres y mujeres en el ámbito sanitario servirá de ejemplo para propiciar un cambio social, mejorar la calidad de la asistencia y a promover una mejor Fisioterapia.