Hace unas semanas se analizaba en este weblog la necesidad de impulsar decididamente la utilización de biocarburantes líquidos (bioetanol y biodiésel) para alcanzar los objetivos del Plan de Energías Renovables 2005-2010. Actualmente en España nos encontramos en un escenario cada vez más alejado del cumplimiento de los compromisos del Protocolo de Kioto y con un precio inestable y creciente del crudo de petróleo. Pese a las evidentes ventajas sociales y medioambientales derivadas del empleo de los biocombustibles, su implantación se encuentra en un estado muy poco desarrollado. Por su parte, entre las ventajas de los combustibles fósiles parece que solo queda una única anotación, eso sí, incuestionable y dominante, al menos hasta el momento: su menor coste económico.
[Luis Fernando Bautista Santa Cruz]
Con datos del presente año, el coste antes de impuestos de la gasolina y el gasóleo se encuentra en 0,46 €/litro y 0,50 €/litro respectivamente. En España, con la tecnología existente, producir biocombustibles tiene un coste final en torno a 0,63 €/litro para el bioetanol a partir de cereales y de 0,74 €/litro para el biodiésel a partir de aceite de girasol, según un estudio del IDAE (Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía). Este valor puede ser sensiblemente inferior en el caso de emplear aceites vegetales usados u otros cultivos energéticos de mayor rendimiento por hectárea que el girasol. Así, las grandes diferencias entre los precios de los combustibles fósiles y los biocombustibles que hasta muy recientemente frenaban el desarrollo de estos últimos, se están reduciendo muy significativamente con el precio de un barril de petróleo al alza.
Los costes económicos mencionados corresponden a una situación favorable para los combustibles fósiles, de hecho la más favorable, y desfavorable para los biocombustibles, de hecho la más desfavorable. En el caso de los primeros, al menos a medio y largo plazo, los precios del crudo tendrán una tendencia a subir, pese a que las reservas probadas sigan aumentando todavía. Muchas de esas reservas están constituidas por yacimientos cuya explotación no es rentable actualmente: por su situación geográfica o profundidad excesiva si se encuentra bajo el suelo oceánico; por su composición poco adecuada para producir los productos más demandados, gasolinas y gasóleos; o por la presencia de cantidades importantes de compuestos de azufre, que harían aumentar el coste de su eliminación en el marco de unas restricciones medioambientales cada vez más exigentes. Por el contrario, los biocombustibles se encuentran en un estado de desarrollo tecnológico aún muy joven. Al igual que ocurre con toda tecnología emergente, esto hace esperable, a corto y medio plazo, una reducción significativa de los costes de producción debido a la optimación de los cultivos energéticos y de los procesos de transformación, o del desarrollo de nuevas aplicaciones para la valorización de los subproductos generados y para la mejora del balance económico global.
Habitualmente, en los análisis económicos de los costes de producción no se suelen contabilizar el coste de ciertos efectos negativos de los combustibles fósiles ni de algunas de las ventajas de los biocombustibles. ¿Qué valor tiene la reducción de emisiones contaminantes tales como óxidos de azufre, hidrocarburos o partículas? ¿Puede asociarse un coste económico a la inestabilidad política y social producida directa o indirectamente por el petróleo en determinadas regiones del planeta? Al menos ahora se podrá cuantificar económicamente la reducción neta de emisiones de CO2. La generación de empleo agrícola e industrial y la estabilización de la población en el medio rural, la disminución de la dependencia energética exterior, la mayor seguridad en el transporte y la significativamente mayor biodegradabilidad son, sin duda, valores añadidos asociados a los biocombustibles.
Así, esa prácticamente única y sobrevalorada ventaja de los combustibles fósiles: la económica, se irá reduciendo hasta que la falta de una apuesta decidida y sin demora por los biocombustibles se haga insostenible. Estamos situados en una encrucijada en la que en lugar de justificar el uso y desarrollo de los biocombustibles, quien corresponda debería dar explicaciones de la escasa utilización de los mismos.