Los biocarburantes líquidos, especialmente el bioetanol y el biodiésel, aunque tímidamente, están consolidando su presencia en la vida diaria de nuestra sociedad. Sin embargo, su implantación necesita potenciarse para alcanzar los objetivos del Plan de Energías Renovables 2005-2010 que establece un consumo de 2200 ktep (tep: tonelada equivalente de petróleo) de estos productos. En la actualidad, la capacidad de producción de biocarburantes instalada en España se encuentra en torno a las 550 ktep, por lo que será preciso cuadruplicar dicha capacidad en los próximos cinco años si se quiere alcanzar la meta propuesta. Pese a los evidentes aspectos positivos de la utilización de biocarburantes, todavía es necesario vencer algunos obstáculos que dificultan el camino de su desarrollo.
[L. Fernando Bautista]
El uso de los biocarburantes como fuente de energía para el transporte se asocia inmediatamente con una serie de beneficios medioambientales, sin embargo, esto no siempre es así. En estudios realizados sobre el ciclo de vida tanto del bioetanol como del biodiésel, T.W. Patzek y D. Pimentel han concluido (Natural Resources Research, 14:1, 65-76) que en la producción de ambos biocarburantes se consume más energía de origen fósil de la que proporcionan posteriormente durante su uso. Los análisis realizados por estos investigadores han sido siempre muy controvertidos y discutidos por otros investigadores e instituciones, señalando numerosas incorrecciones. Entre otras, el uso de datos de costes correspondientes a fuentes publicadas en los años 80, cuando la productividad agrícola y la eficacia energética eran muy inferiores a las actuales.
Sin embargo, la práctica totalidad del resto de los análisis del ciclo de vida de los biocarburantes publicados dan como resultado una eficacia energética positiva, así como una reducción neta de la mayoría de las emisiones contaminantes. En un detallado estudio sobre el ciclo de vida del biodiésel realizado por los Departamentos de Energía y de Agricultura de los Estados Unidos se concluye que el uso del biodiésel tiene un balance energético muy positivo, produciendo 3.3 veces más energía que la consumida durante todo su ciclo productivo, a la vez que genera unas emisiones netas de CO2 inferiores en más de un 78% respecto del uso del gasóleo convencional. Asimismo, el uso del biodiésel supone una reducción importante de las principales emisiones contaminantes: el monóxido de carbono constituye un 35% del emitido por el gasóleo, las partículas a un 32%, los óxidos de azufre a un 8% y los hidrocarburos a un 35%. Por contra, el aumento de óxidos de nitrógeno se cifra en un 13% respecto del uso del gasóleo.
Junto con las evidentes ventajas medioambientales existen otras sociales, como la creación de empleo y riqueza, especialmente en el medio rural, evitando su despoblación. Los aspectos positivos incluyen también ventajas estratégicas al disminuir parcialmente la dependencia energética del exterior. El aumento de la superficie cultivada que implicaría el uso generalizado de los biocarburantes está suscitando también un debate en los últimos años. Sin embargo, si la intensificación de los cultivos energéticos se realiza de manera racional y planificada, estudiando las mejores alternativas, puede reducirse su impacto medioambiental de una manera significativa y asumible. Finalmente, y no menos importante, el empleo de biocarburantes, especialmente en mezclas con gasolinas y gasóleos, permite la utilización de los motores así como de las infraestructuras y canales de distribución actuales sin necesidad de modificarlos.