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jueves, 08 de mayo de 2008

En la siguiente información se recogen las principales conclusiones de una experiencia docente desarrollada por alumnos de la Universidad Rey Juan Carlos, dentro de la asignatura “Panorama Energético Actual” del Máster en Tecnología y Recursos Energéticos.  En ella, los alumnos divididos en grupos debatieron sobre los tipos de fuentes energéticas más relevantes como alternativas actuales y/o futuras, incidiendo en los aspectos positivos y negativos de cada una de ellas. Semanalmente presentaremos las conclusiones de los debates de una opción energética concreta, comenzando en primer lugar por la energía nuclear de fisión.

Profesores: David Serrano, Gabriel Morales y Jacinto Monge.

 


 

RAZONES PARA EL USO DE LA FISIÓN NUCLEAR EN LA OBTENCIÓN DE ENERGÍA

 

La fisión es el proceso utilizado actualmente en las centrales nucleares. Está basada en una reacción en cadena donde un núcleo, normalmente de Uranio, es bombardeado con neutrones, se produce una violenta inestabilidad que hace que el núcleo se divida en dos fragmentos aproximadamente iguales y se emitan neutrones que serán capaces de romper nuevos núcleos de Uranio, extendiéndose la reacción y liberándose grandes cantidades de energía.

 

A pesar de la repulsa y el miedo social existente en algunos países como España hacia el uso de centrales nucleares para la obtención de energía, hay varias razones que justifican su uso, y no solo esto, sino que lo hacen muy recomendable. Algunas de las razones son:

 

■ Seguridad de abastecimiento de energía:

 

  • La situación de carencia de recursos energéticos que existe no se debe descartar ningún tipo de energía y deben usarse todas las disponibles. Además una política energética equilibrada tiene que utilizar una mezcla de fuentes de energía que cumpla el objetivo de responder al aumento en la demanda y que utilice fuentes no emisoras de gases de efecto invernadero como la nuclear.

 

  • Suministro asegurado de energía, por lo menos de aquí a 100 años ya que el Uranio y el Torio se encuentra en grandes cantidades bajo la corteza terrestre. Además se genera una gran cantidad de energía con poco combustible.

 

  • Independencia de los vaivenes del petróleo.

 

  • Muchos de los grandes suministradores de Uranio son geopolíticamente estables: Australia, Canadá, Sudáfrica, Brasil. Es más, nuestro país, tradicionalmente minero, cuenta con suficientes yacimientos de uranio (el combustible básico hoy día de la energía nuclear) en Extremadura o Salamanca como para permitirnos ser autosuficientes en la generación de energía nuclear. Disponemos también de capital y conocimiento en la materia. Lo que falta es decisión política en este tema tal y como ocurre en nuestra vecina Francia.

 

  • España es un país sin recursos energéticos propios que puede participar en el desarrollo mundial de la energía nuclear, para lo que dispone de capacidades humanas, tecnológicas y empresariales.

 

■ Aspectos económicos:

 

  • Estabilidad a largo plazo de los costes de producción de electricidad.

 

  • Competitividad económica por subida de precio del petróleo y por posibles alzas de impuestos a energías contaminantes de CO2.

 

■ Reducción de emisiones:

 

  • Es evidente la gran dificultad existente para cumplir los objetivos de emisiones, establecidos por el protocolo de Kyoto, para 2008-2012 sin contar con la energía nuclear. Ésta genera un tercio de la energía eléctrica que se produce en la Unión Europea, evitando así, la emisión de 700 millones de toneladas de CO2 por año a la atmósfera. Esta cifra equivale a que todos los coches que circulan por Europa, unos 200 millones, se retiren de las calles. A escala mundial, en 1.996, se evitó la emisión de 2,33 billones de toneladas de  CO2 a la atmósfera.

 

  • Reducción de la radioactividad de los residuos. Además del reproceso de combustible nuclear gastado para fines nuevamente energéticos (gestión en ciclo cerrado) y los menores residuos producidos ya por las centrales de reactores rápidos, están los audaces procesos P&T: separación mediante procesos químicos de los radionucleidos y su transmutación (nueva alquimia del siglo XXI), mediante reactores de neutrones rápidos y bombardeo de aceleradores de partículas para reducir eficazmente la radiotoxicidad y el volumen de los residuos, y que pueden ser una portentosa realidad de uso industrial de aquí a 20-30 años.

 

  • Los vertidos de las centrales nucleares al exterior, se pueden clasificar como mínimos, y proceden, en forma gaseosa, de la chimenea de la central; y en forma líquida, a través del canal de descarga.

 

  • Por su bajo poder contaminante, las centrales nucleares frenan la lluvia ácida, y la acumulación de residuos tóxicos en el medio ambiente. Como dato: una central nuclear no puede verter a la atmósfera más de 3 curios/año de radioactividad, según la normativa vigente (1 CURIO = 37.000 millones de desintegraciones por segundo = radiactividad de 1 gramo de Radio).

 

■ Seguridad de las centrales nucleares:

 

  • Seguridad en la gestión de riesgos. La construcción de centrales de tercera generación o de reactores rápidos y la moderna gestión de residuos (protegidos por tres barreras: la propia forma química del residuo, y las barreras de ingeniería y geológica) minimizan el riesgo de contaminación. Sólo han sido dos los accidentes graves en toda la historia de la explotación nuclear. Además, es esclarecedor saber que el peor accidente, Chernobyl, fue debido a una temeraria experimentación (conseguir una circulación de agua "natural" en el sistema primario sin utilizar la bomba de recirculación y creer además que era mejor hacerlo a baja potencia, justo donde un reactor nuclear es mucho más inestable) en una central muy insegura que no contaba ni con un mísero edificio de contención.

 

  • El tema de la seguridad está superado. Desde el accidente de Chernobyl las medidas de seguridad se incrementaron considerablemente. La seguridad y protección radiológica que ofrecen las centrales nucleares son mas que suficientes (varillas de combustible, vasija del reactor y edificio del reactor).

 

[Marta Gutiérrez, Bárbara Morante, David Alba]

 

 

ASPECTOS NEGATIVOS DEL USO DE LA ENERGÍA NUCLEAR DE FISIÓN

 

En 2007 había 435 centrales nucleares, 327 tienen más de 20 años, solo para mantener el estado actual que es la producción del 6 % del total de energía primaria consumida en el mundo y el 15% de la electricidad mundial, se necesita construir 300 centrales nuevas en 20 años. Algo irrealizable porque se necesitan como mínimo 10 años hasta que se genera electricidad. Sólo se utiliza para producir electricidad. Los defensores de la energía nuclear se basan en que no produce gases de efecto invernadero y que la necesitamos, pero supone un mal mayor al producir residuos radiactivos, altamente peligrosos, y no se tiene solución para ellos. Tiene unos elevados costes al incluir todos los gastos (la vida operativa de una central nuclear y su desmantelamiento, la fabricación del combustible nuclear, el almacenamiento de los desechos, el transporte, la protección y  los seguros). Así como el peligro de accidentes, cuyos costes exceden la capacidad del ser humano para remediar las terribles consecuencias.

 

Los reactores que se construyen actualmente de 3ª generación no pueden cubrir una gran demanda de energía. La tecnología de reactores de 4ª generación o de fusión nuclear no son más que proyectos en investigación y no llegaran a tiempo para combatir los problemas energéticos actuales. Las nuevas centrales propuestas no serán suficientes para cubrir la demanda y suplir las que se vayan quedando obsoletas.

 

Además, el uranio es una fuente agotable. Si se sigue consumiendo como en la actualidad, se habrá agotado en unos 60 años. En el supuesto caso de que se quisiera incrementar de una manera drástica el porcentaje de energía nuclear para proteger el clima, se dispondría de uranio por un número de años correspondientemente menor.

 

El coste de desmantelamiento es muy elevado debido a cuestiones tecnológicas no resueltas. Como lo es el almacenamiento de residuos de alta actividad durante miles de años. Las empresas quieren posponer el cierre de centrales para aumentar la rentabilidad a costa de la seguridad, puesto que una central de más de 30 años tiene mayor riesgo de sufrir accidentes por el envejecimiento de los materiales. Los costes de desmantelamiento los asumimos todos los consumidores a través de la factura de la luz.  En España, por ejemplo, desmantelar Zorita costara 170 millones de euros, cuando solo tenía una potencia de 160MW. Vandellós I nos ha costado 600 millones de euros desde el 90. Así pues, los costes de desmantelar una central pueden ser tan elevados como los de construcción.

 

Asimismo, la construcción de nuevas centrales es muy costosa del orden de 3000 millones de dólares. Por eso, actualmente no son rentables más que con precios fijados y subvenciones, lo que perjudica el libre mercado de la energía.

 

Es un ejemplo de que no se debe volver a debatir si la energía nuclear es una opción, puesto que ya se ha demostrado que no es viable ni siquiera económicamente, sin tener en cuenta su impacto ambiental. En España en 2000 el coste de la moratoria nuclear era de 3000 millones de euros. Centrales que no han producido nada y que las pagamos entre todos.

           

La energía nuclear aunque se ponga como la defensora del cambio climático no es ni siquiera una opción para frenar el efecto invernadero. Solo el aumento de la eficiencia energética en el transporte y en los edificios serían 11 gigatoneladas de ahorro de CO2 hasta 2050 y si triplicásemos la producción nuclear (para ello habría que sustituir los viejos reactores e instalar cientos de centrales nuevas, lo que reduce la reservas de uranio a menos que la vida útil de una central y, por lo tanto, es inviable) ahorraría 5 gigatoneladas.

 

Los residuos de larga duración y alta actividad (miles de años) plantean problemas éticos y científicos sin resolver. Actualmente ningún país del mundo tiene solucionado técnicamente el almacenamiento. Además, el transporte de estos residuos es peligroso y caro.

El desarrollo de la energía nuclear depende de la existencia de un consenso a escala mundial. Actualmente no existe ya que mientras unos países apoyan el desarrollo de este tipo de energía, otros han declarado moratorias o se niegan a la compra de electricidad procedente de esta fuente. En el Protocolo de Kyoto se incluyen políticas de ahorro y de fomento de energías renovables, pero no se contempla la energía nuclear.

 

La energía nuclear fomenta la expansión del armamento atómico. Crea inestabilidad geopolítica: la utilización de la energía nuclear para fines energéticos es también un paso para la creación de armas atómicas e incrementa la inestabilidad geopolítica regional o mundial. Además de que puede ser blanco del terrorismo. Los desechos radiactivos pueden ser usados por terroristas para fabricar las llamadas bombas sucias. El uso de la energía nuclear crea nuevos objetivos para atentados terroristas.

 

Es intrínsecamente peligrosa, un accidente serio o un ataque terrorista a una central nuclear o a un cargamento de elementos radioactivos, puede ocasionar la muerte y provocar cáncer, defectos genéticos y otras enfermedades graves en seres humanos, además de otros impactos ambientales. Desde los años 50 hasta ahora han sucedido unos 24 accidentes nucleares civiles. El más grave hasta la fecha fue el de Chernobil, con miles de km2 afectados, cientos de miles de refugiados y enfermos, y centenares de miles de víctimas mortales.

 

Entre las alternativas más importantes a la energía nuclear están las fuentes de energías renovables. Otras alternativas podrían ser el ahorro energético, eficiencia energética, etc. Son el futuro a largo plazo, puesto que la energía nuclear presenta demasiadas desventajas y es limitada en el tiempo.

 

[Marta Castaño, Alfonso Triano]

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miércoles, 07 de mayo de 2008

Los biocombustibles se encuentran en un permanente debate sobre su sostenibilidad real y su impacto sobre el precio y la disponibilidad de los alimentos. La reciente escalada de los precios de los alimentos ha suscitado dudas sobre la producción sostenible de estos combustibles. La Agencia Internacional de la Energía (IEA) ha publicado recientemente una declaración en la que recoge sus puntos de vista sobre este asunto. Reproducimos aquí lo más significativo de este comunicado.

 

[Fernando Fresno]

La IEA considera muy importante distinguir entre tipos de biocombustible. Por una parte, la mayoría de los biocombustibles son interesantes en el sentido de que pueden servir para sustituir al petróleo importado y ayudar en la diversificación de los recursos energéticos. Por otro lado, algunos de los biocombustibles actuales (de primera generación), como el bioetanol a partir de grano y el biodiésel de semillas, pueden competir con la producción de alimentos, fibras y piensos, aunque actualmente se destina menos de un 2 % del suelo del suelo cultivable a la producción de biocombustibles.

Según la IEA, los biocombustibles pueden producirse de una forma más sostenible y, debidamente gestionados, pueden ofrecer apreciables beneficios, tanto a los miembros de la OECD como a países en vías de desarrollo, dado que pueden aumentar la seguridad energética, fomentar el desarrollo económico (especialmente en zonas rurales) y reducir las emisiones de gases de efecto invernadero.

Los biocombustibles de segunda generación a partir de materias primas ligno-celulósicas son prometedores para proporcionar eventualmente tipos más sostenibles de biocombustibles. Aunque siguen siendo costosos en la actualidad, recientemente se ha progresado mucho en su investigación y desarrollo mediante inversiones públicas y privadas. La IEA hace un llamamiento a los gobiernos a aumentar su apoyo al I+D+i en biocombustibles de segunda generación en este momento crítico, a disminuir progresivamente los actuales incentivos a las tecnologías de biocombustibles según vayan madurando y a explorar políticas que promuevan los biocombustibles avanzados.

Los biocombustibles están representando un papel cada vez más importante para satisfacer la creciente demanda de combustibles para el transporte. Representaron el 49 % del crecimiento en el suministro de combustible fuera de la OPEP en 2007, proporción que se prevé que suba al 55 % en 2008. Una próxima publicación de la IEA, Perspectivas de la tecnología energética para 2008, mostrará que los biocombustibles pueden tener un papel fundamental si se quieren conseguir reducciones considerables en las emisiones de CO2. En el escenario más ambicioso, los biocombustibles suministrarán aproximadamente 700 millones de toneladas equivalentes de petróleo, lo que representará el 26 % de la demanda total de combustible para el transporte, en 2050.

15:04 | gestionado por David Serrano | Enviar comentario (0)

martes, 15 de abril de 2008

Bioquímicos de la Universidad Virginia Tech [1] han desarrollado un nuevo proceso para la producción eficiente de hidrógeno a partir de azúcares. En el pasado congreso nacional de la American Chemical Society (New Orleans, 6-10 Abril [2]) Y.H. Zhang y col. han presentado un “revolucionario” proceso para la conversión de azúcares en hidrógeno y óxidos de carbono en condiciones suaves de temperatura y presión.

[R. M. Navarro – Instituto de Catálisis y Petroleoquímica (CSIC)]


El proceso se caracteriza por la utilización de una mezcla de reacciones enzimáticas reversibles (una mezcla de hasta 13 enzimas diferentes)  que producen la ruptura de las moléculas hidrocarbonadas en disolución acuosa en H2 y CO2  a baja temperatura y presión (30ºC y presión atmosférica). La reacción enzimática global se produce  según la ecuación estequiométrica:

 

C6H10O5 (l) + H2O (l) à 12 H2 (g) + 6 CO2 (g)

 

 

De acuerdo a los resultados presentados por los autores, el nuevo método produce tres veces más hidrógeno que la cantidad teórica correspondiente a los procesos anaeróbicos de fermentación, tiene bajos costes de producción ($~2/kg H2) y es capaz de producir en hidrógeno en cantidades de hasta el 14.8 % de la masa original del azúcar. Según la opinión de los autores, el método desarrollado es uno de los más prometedores en cuanto a eficacia de entre todos los desarrollados hasta la fecha para la producción de hidrógeno a partir de la biomasa (termoquímicos o microbiales).

A pesar de estos prometedores resultados, la cantidad de hidrógeno producida aún es baja para su uso comercial. Por esta razón, los autores se encuentran en la actualidad trabajando en mejoras para aumentar la producción mediante la utilización de nuevas enzimas capaces de trabajar a mayores temperaturas que permitan incrementar la velocidad de las reacciones de producción de hidrógeno. Los autores estiman en 8-10 años el tiempo necesario para la optimización y escalado de los prometedores resultados obtenidos hasta la fecha a nivel de laboratorio.

 [1] http://filebox.vt.edu/users/ypzhang/index.htm

[2] http:// oasys2.confex.com/acs/235nm/techprogram/

7:07 | gestionado por David Serrano | Enviar comentario (0)

lunes, 14 de abril de 2008

Dentro del gran esfuerzo que empieza a realizarse para el control y reducción de las emisiones de CO2 en el mundo del automóvil, han destacado entre las noticias de las últimas semanas dos iniciativas: la Formula Zero, con karts equipados con pilas de hidrógeno, que es una competición que comienza este año y en la que participa un equipo de la Universidad de Zaragoza, y la Formula 1, que se ha comprometido a reducir las emisiones de CO2 de sus coches a partir del año 2009. En ambos casos se espera un buen impacto mediático que fomente, principalmente, la educación y concienciación en la lucha contra el cambio climático.

[José Luis Gálvez]


La Universidad de Zaragoza, y concretamente la Escuela Universitaria Politécnica de La Almunia (Eupla), participará en la edición universitaria del campeonato de Karts impulsados por hidrógeno conocido como Formula Zero. El diseño de la universidad española, denominado Euplatech2, quedó segundo detrás del diseño norteamericano de la Universidad Tecnológica de Lawrence (Detroit). En total, participarán seis universidades, que además han ganado una pila de combustible HyPM 8 de Hydrogenics, financiada por “Rotterdam Climate Initiative”. Se organizarán cuatro carreras en circuitos urbanos, en ciudades con gran impacto mediático, como Nueva York o Londres. El objetivo de la Formula Zero es la creación de competiciones automovilísticas totalmente sostenibles, a través de vehículos cuya emisión en gases de efecto invernadero sea nula. Por ello, el hidrógeno que consumen los karts es producido con fuentes de energía renovables. El vehículo de la Universidad de Zaragoza ya ha sido probado en pista (video). Como curiosidad, el escape del kart fue degustado por Arturo Alíaga, consejero de Industria, Comercio y Desarrollo del gobierno de Aragón.

Todo esto forma parte de un programa más ambicioso, de formación y concienciación de los ciudadanos, administraciones y empresas llamado “Rotterdam Climate Initiative” para la reducción de los gases de efecto invernadero hasta en un 50% y fomento económico de la región holandesa de Rotterdam, pero con una gran proyección internacional a través de la Formula Zero.

 

El interés por la reducción de emisiones en automóviles deportivos no se debe al cómputo global de estas emisiones (que son despreciables frente al del parque total de vehículos), sino al impacto que sobre el público pueden tener estas iniciativas. Uno de los modelos con mayor cantidad de emisiones por kilómetro recorrido es el Formula 1, con cerca de 2000 gramos de CO2 por kilómetro recorrido. El bólido con menores emisiones es el Honda RA108, con aproximadamente 1500 gramos por kilómetro. Un piloto de Formula 1 es responsable de una cantidad de emisiones de CO2 que multiplica por cinco las correspondientes a un ciudadano europeo medio. Por todas estas razones, la FIA obligará a los equipos a introducir un sistema de aprovechamiento cinético en los motores, denominado KERS (Kinetic Energy Recovery System), como punta de lanza de una serie de medidas más respetuosas con el medio ambiente (también se considera el empleo de mezclas de biocombustibles). Con ello, se pretende fomentar el uso y compra de vehículos con tecnologías más eficientes y con menores emisiones de CO2, a través de la campaña Make Cars Green.

14:11 | gestionado por David Serrano | Enviar comentario (5)

martes, 08 de abril de 2008

El Desarrollo sostenible, que según la cumbre de la tierra en 1992 quedó definido como “El que satisface las necesidades presentes sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades” se cuantifica mediante un parámetro denominado déficit ecológico. Así, los individuos, regiones o países cuyo déficit ecológico sea  negativo  estarán consumiendo más recursos de los que son capaces de producir y, por lo tanto, serán insostenibles.

 

El déficit ecológico es la diferencia entre  la huella ecológica o “superficie necesaria para producir los recursos consumidos y para asimilar los residuos generados por una población” y la capacidad de carga de esa misma población definida como la capacidad de producir esos mismos recursos por la superficie correspondiente a dicha población. Tanto la huella ecológica, como la capacidad de carga y el déficit ecológico se cuantifican en unidades de superficie (hectáreas) per cápita  (Ha/cap) de dicha población.

 

De manera global el déficit ecológico mundial es de -0.5 Ha/cap,  ascendiendo en los países desarrollados a -3.1 Ha/cap. En España  la capacidad de carga es de 2.4 Ha/cap y la huella ecológica de 6.4 Ha/cap. Por lo tanto, el déficit ecológico español es de 4 Ha/cap y el cociente entre estos dos parámetros es de 2.5, que es lo mismo que decir  que para que nuestro sistema de vida fuese sostenible nuestro país debería contar con cuatro veces más superficie de la que cuenta en realidad.

 

Por Comunidades Autónomas, las menos sostenibles (cociente entre la huella ecológica y capacidad de carga) son Madrid con un valor del 19.9, seguida por Canarias y la Comunidad Valenciana con un 10.4 y 7.8 respectivamente. Las únicas Comunidades Autónomas con una valor inferior a uno, y por lo tanto sostenibles,  son Castilla-León con un 0.7 y  Castilla la Mancha y Extremadura con un 0.8.

 

[Mª Jesús Marcos Crespo]


De un tiempo a esta parte la palabra “sostenibilidad” ha entrado a formar parte de nuestro vocabulario diario, aparece en la mayor parte de las noticias de esta weblog y en cualquier reportaje, artículo escrito o, incluso, anuncios publicitarios sobre economía, energía, medioambiente, etc. (vehículos sostenibles, transporte o arquitectura sostenibles, combustibles o hasta energía nuclear sostenible). Sin embargo, suele aparecer como adjetivo calificando al artículo en cuestión como muy o poco sostenible, rara vez se cuantifica el grado de sostenibilidad que vendrá dado por la relación entre los recursos consumidos por una comunidad  y los que esa comunidad es capaz de generar.

 

Mathis Wackernagel y William Rees de la Universidad de la Columbia Británica, en el año 1995, definieron la huella ecológica (footprint o ecological footprint) como el área de territorio ecológicamente productivo (cultivos, pastos, bosques o ecosistema acuático) necesaria para generar los recursos utilizados y para asimilar los residuos producidos por una población definida con un nivel de vida específico indefinidamente, donde sea que se encuentre esta área.

 

La huella ecológica se expresa habitualmente en hectáreas. Su aplicación es posible a todos los niveles: país, región, ciudad, evento (congreso, convención…), vivienda, incluso a título individual.  Para calcularla se hace una estimación del consumo en kg/persona y año de:

 

  1. Cultivos para producir los vegetales que la población consume en su alimentación
  2. Pastos para el ganado necesario para producir la carne que la población consume
  3. Bosques para la producción de la madera y papel utilizados
  4. Mar productivo del marisco y el pescado
  5. Terreno construido para viviendas e infraestructuras
  6. Área de bosque necesaria para la absorción del CO2 emitido como consecuencia del consumo de combustibles fósiles y para la producción de energía.

 

Una vez estimado el consumo de los diferentes recursos, la huella ecológica de cada uno de ellos se calcula dividiendo estos valores por el rendimiento medio de la producción  en la región (kg/Ha). La huella ecológica total del individuo, país o región es la suma de las huellas por cada uno de los seis recursos antes descritos.

 

El otro factor a tener en cuenta es la capacidad de  producción de los recursos definida como su capacidad de carga definida a su vez como la superficie disponible en el ecosistema en cuestión para la producción de los diferentes recursos que la comunidad requiere y que se define como la superficie biológica productiva local menos un 12% que es la superficie que se considera necesaria para conservar la biodiversidad.

 

El déficit ecológico es la diferencia entre el área disponible (capacidad de carga) y el área consumida (huella ecológica) y pone de manifiesto la sobreexplotación del terreno y la incapacidad de regeneración.

 

El planeta Tierra cuenta con una capacidad de carga de 11400 millones de Hectáreas (cultivos+superficie marina productiva) y 6300 millones de personas por lo que, para que la Tierra sea sostenible, cada uno de nosotros deberíamos consumir no más de 0.25 Ha cultivo, 0.6 de pastos, 0.6 de bosques, 0.5 de superficie marina y 0.03 hectáreas construidas. En total, teniendo en cuenta el 12% de superficie reservada para el mantenimiento de la biodiversidad, la capacidad de carga mundial es de 1.7 Ha/cap. Por el contrario, la huella ecológica media en el mundo es de 2.2, ascendiendo a 9 en América del Norte, 4.8 en la Unión Europea (EU-25), 2.2 en América Central, 1.5 En Asía y 0.8 en África.

 

El déficit ecológico lógicamente no es uniforme en todos los países, estando directamente relacionado con el nivel de desarrollo (a mayor nivel mayor consumo) oscilando entre un - 3.1 en los países desarrollados y un 0.1 en los países en vías de desarrollo. La página Web de la Global footprint Network proporciona información muy completa y detallada sobre la huella y déficit ecológico por países, de ella hemos extraído el mapa que aparece a continuación y en el que se detalla por países cuales son ecológicamente deficientes o con superávit.

 

Con respecto a España la huella ecológica es de 6.40 Ha/cap mientras que la capacidad de carga es de 2.43 Ha/cap lo que supone un déficit ecológico de casi 4.0 Ha/cap, esto significa que para que España fuese ecológicamente sostenible necesitaría una superficie útil 4 veces superior a la que tiene. La tabla siguiente muestra por Comunidades Autónomas la Huella Ecológica, la Capacidad de Carga y la relación entre los dos parámetros (un valor inferior a 1 implica que produce más recursos de los que genera, inferior que es deficitaria), sólo tres Comunidades (Castilla-León, Castilla-La Mancha y Extremadura se podrían clasificar como ecológicamente sostenibles. Más información se puede encontrar en el informe “ANÁLISIS PRELIMINAR DE LA HUELLA ECOLÓGICA EN ESPAÑA” del Ministerio de Medioambiente.

Comunidad Autónoma

   Huella Ecológica

Capaci-dad de Carga

Relación Huella/

capacidad

carga

Comunidad Autónoma

   Huella Ecológica

Capaci-dad de Carga

Relación Huella/ capacidad carga

Andalucía

5.63

2.02

2.8

Extremadura

5.50

7.10

0.8

Aragón

7.25

3.60

1.1

Galicia

6.64

4.40

1.5

Asturias

6.74

2.93

2.3

Madrid

6.75

0.34

19.9

Baleares

5.91

1.04

5.7

Murcia

6.05

1.55

3.9

Canarias

5.11

0.49

10.4

Navarra

6.96

4.37

1.6

Cantabria

7.02

4.44

1.6

País Vasco

6.48

1.20

5.4

Castilla-León

5.75

7.87

0.7

La Rioja

6.54

4.00

1.6

Castilla-La Mancha

6.45

8.21

0.8

Ceuta

5.87

0.14

41.9

Cataluña

6.43