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martes, 03 de noviembre de 2009

La crisis económica y el aislamiento del PSOE en las Cortes han parido un extraño apoyo al Basque Culinary Center, situado en San Sebastián. La apertura del BCC, prevista para 2011.


Hace dos semanas, los Presupuestos Generales del Estado salieron adelante gracias al apoyo de PNV y CC. Este apoyo no podía ser interesado, y ya se pudo leer pocos días más tarde (en este artículo crítico artículo de El País, ya recogido en este otro post del sistema madrimasd) que las inversiones en I+D+i se iban a desviar sospechosamente hacia el País Vasco, que precisamente es la región en España con mayor gasto porcentual (véase por ejemplo esta entrevista) en estas latitudes científicas.

 

Hoy me entero, a través del boletín de FECYT, que el MICINN va a destinar 7 millones de euros al Basque Culinary Center, que contará con otros diez millones y pico aportados por instituciones privadas y públicas del País Vasco. Las actividades se dividirán entre una Facultad de Ciencias Gastronómicas, adscrita a la universidad de Mondragón, y un Centro de Investigación e Innovación en Ciencias Gastronómicas.

 

La cosa está bastante avanzada, porque, como puede verse aquí debajo, se ya se ha adjudicado el proyecto ganador del concurso. Parece ser que el edificio recuerda a un montón de platos apilados, y que ésa ha sido una de las mejores razones para la adjudicación.



 

A mí personalmente me gusta Baleak al Pil Pil, y según voy bajando y abriendo presentaciones… voy estando más y más confuso, sobre todo por los lemas que han elegido los arquitectos. Aún así, persiste la sensación de que el ganador ha vencido gracias a una excelente maqueta, y no mucho más.

 

Y eso de que son platos apilados… me recuerda a lo que dice mi padre sobre el término “sostenibilidad” aplicado a la arquitectura: que es una palabra estúpida que no significa nada, porque la arquitectura tiene como exigencia mínima e inmemorial que las cosas construidas se sostengan y sobrevivan a sus creadores. En fin, el espíritu de los tiempos…

 

Tendremos que poner buena cara y dar por sentado que esto es una buena noticia (y desde luego, tiene aspectos netamente positivos). La excelencia en esta área queda asegurada para muchos años, y podrá difundirse desde el CBB hacia otras cotas: el turismo de calidad ya es posible gracias a las futuras hornadas de cocineros/inventores, se investigarán avances tecnológicos de inmediata aplicación práctica que no existan en otros lugares, la dietética rigurosa llegará a todas partes, seremos más sanos y más delgados, y España (o más bien, el País Vasco) será una referencia mundial inevitable en lo que a gastronomía se refiere.

 

Esperemos, tan sólo, que no se reproduzcan nuestros problemas congénitos: endogamia investigadora y productiva, estándares de calidad que decrecen de manera inversamente proporcional a la autonomía universitaria, exigencias de negocio y orientación académica absolutamente desparejadas…

 

¡Ah! Y otra cosa… si los spin-offs españoles van a ser restaurantes de gama alta… ¿no se copará el mercado en cuanto el centro lleve abierto diez añitos?

 

La respuesta a esto, y en eso sí que creo que el BCC puede ser muy interesante, es que se atraerá talento de fuera, y se difundirá la imagen del centro en el resto de Europa, e incluso en los Estados Unidos. Lo que tendría que exigir el MICINN es que el BCC genere beneficios, patentes, y devuelva las cantidades invertidas. Para eso quizá haya que nombrar a un genial gestor que se haya formado en Estados Unidos y sepa qué teclas tocar.

 

Al final, sería muy gracioso que las gambas deconstruidas acabaran financiando indirectamente la investigación en ciencia básica que está siendo abortada…

 

Por Jaime Capitel

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