Considero que ciencia es mirar el mundo, hacerse preguntas y comprobar las respuestas. Hacer ciencia siempre es divertido porque descubrimos cosas que no sabíamos y, quizás, no es necesario tener todas las respuestas para decir que hacemos ciencia o para que los alumnos se sientan científicos.
Conseguir que los niños y niñas se hagan preguntas y busquen respuestas podría ser suficiente para considerar que la ciencia ha llegado a nuestras aulas ya que el objetivo del docente no es fomentar el desarrollo de futuros científicos sino lograr que se interesen por lo que les sucede y les rodea, que desarrollen competencias que les permitan intervenir en su entorno o/y conseguir que sientan curiosidad por descubrir por qué suceden las cosas en su vida cotidiana. Desde mi punto de vista esta es la clave del éxito de la enseñanza de los contenidos científicos, logrando que, desde las aulas, se desarrolle un espíritu investigador desde las primeras etapas de la educación.
Muchos son los ejes que nos permitirán abordar de forma significativa contenidos científicos: las plantas, los animales (siempre fascinantes para el alumnado), el sonido, el aire, el agua, nuestro cuerpo, el medio ambiente, los alimentos, o incluso contenidos como el rozamiento, los imanes, la gravedad, el principio de Arquímedes… ya abordados, por otra parte, con éxito con alumnos de Educación Infantil en algunos centros educativos. Con imaginación y observación podemos ir mas allá, y de hecho así ocurre, y relacionar la ciencia con la Historia o con el Arte de la Pintura, la Música, la Fotografía o la Escultura, o ¿es que en las obras de Calder, por poner un ejemplo, no podemos descubrir la ciencia?. Lo cierto es que estamos haciendo ciencia en las aulas sin ser conscientes de ello.
Ana Díaz Cappa
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