Este apunte es una continuación del anterior y de los comentarios que se han recibido.
En lo que más coincido con Carolina, y con el artículo que os adjunto a continuación, es en lo complejo del debate educativo, que tiende a llamarse crisis porque como debate malamente existe, y quizá, por esa tendencia general a la crisis con que percibimos está realidad "que nos circunda y resiste".
A mi me parece que realmente deberes pendientes repecto al Sistema Educativo tenemos en todos los sectores: político, docente, familia, escuela y sociedad. Deberes sin hacer siempre habrá, esto es una continua progresión, la cuestión será entonces el alcance de estas tareas pendientes, la real gravedad con que inciden en este momento y en este lugar.
Pero insisto en la complicación del dabate educativo, nos jugamos mucho como sociedad y a nivel individual y es por ello que en Educación necesitamos hablar y encontrar pactos estables por encima de turnos de gobierno; aunque también es cierto que esta misma trascendencia educativa vicia el diálogo, poniendo más
interés en tener razón, que en averiguar la verdad.
Si Pérez Reverte os pareció cal...
...vamos con la de arena.
Publicado en El País el 14/01/08
¿Crisis de la educación?
José Saturnino Martínez
Una prueba
del atraso cultural de este país es, paradójicamente, la escasa calidad del
debate educativo. Todo se reduce a echarle las culpas a la LOGSE, y a los
psicopedagogos. Muñoz Molina ha sido un buen ejemplo de este proceder,
indignándose sobre el estado de la lectura, el mismo día que en EL PAÍS se
publicaba un artículo en el que se recoge que los españoles leen hoy más que
nunca, y que el grupo que más lee es, precisamente, el de los más jóvenes
(15/12/07).
Es más
importante gritar indignado, ilustrado por anécdotas y amigos (o primos), que
pensar con tranquilidad y documentadamente. Si tanto ha degenerado nuestro
sistema educativo, ¿cuándo estuvo mejor? Quizá quien esto escribe (cursé la
primaria en los setenta) pertenezca a una de esas generaciones que tuvo el
privilegio de ser educada en un sistema ¿mejor? Cuando estaba en la primera
etapa de EGB, el promedio de niños por profesor era de 33, actualmente es de
11. El gasto público en educación era del 3% del PIB, hoy ronda el 4,5%, pero,
además, el PIB español actual es mucho mayor que el de aquella época, por lo
que el gasto total, descontada la inflación, se ha multiplicado por siete. La
tasa de matriculación entre los 6 y los 14 años era del 80%, mientras que hoy
la matriculación entre los 6 y los 16 años es del 100%. Había 140.000 becarios,
hoy 600.000, y, en euros constantes, la beca media se ha duplicado, incluso
quintuplicado, en el caso de las universitarias. En España había 2,5 millones
de analfabetos, y medio millón de universitarios. Hoy hay medio millón de
analfabetos y cinco millones de universitarios. La probabilidad de la hija de
un campesino de estudiar bachillerato era del 15%, hoy es del 58%. La actual
tasa de fracaso escolar es preocupante, próxima al 30%, pero entonces era del
35%, y la escolarización obligatoria duraba 8 años, y no 10, como en la
actualidad.
Visto mi
escaso éxito cuando he tenido la oportunidad de expresarme con argumentos
abstractos y datos, procederé con el estilo español de debate intelectual:
anécdotas e indignación. Estudié en un centro público, en el que se practicaban
los "itinerarios", tan del gusto de la derecha. Eso quería decir que,
a los 140 niños de 11 años, agrupados en cuatro sextos, nos ordenaban por los
criterios que los profesores consideraban asociados a la
"inteligencia", pero que vista la evolución de todos nosotros, tenían
más que ver con la obediencia. Tuve la suerte de ser seleccionado para sexto A;
mis compañeros que fueron asignados al sexto D perdieron, en el mejor de los
casos, tres años de su vida, con el consiguiente despilfarro de dinero público.
En el peor, perdieron la vida con la droga o en cárceles. El estigma que suponía
entrar en sexto D era empleado como amenaza, para disciplinarnos. Además, había
unos veinte niños no escolarizados, como los gitanos. Por lo tanto, de unos 160
niños de mi edad llegamos a BUP 14. Cuando escucho lo bueno que era antes el
sistema educativo estoy viendo a alguno de esos 14 olvidándose de los otros
146.
Espero que
esta historia dé cuenta de la profunda indignación personal que me produce cada
vez que escucho a quienes fueron niños de buenas familias o pobres, pero
estudiantes brillantes, despotricar de un sistema educativo que obliga a que
los 160 niños tengan actualmente garantizado su derecho a una escolarización de
calidad hasta los 16 años. Sí, de calidad, pues según el informe PISA, están a
la altura de Estados Unidos, Dinamarca, Italia o Francia (en ciencias). Me
hierve la sangre cada vez que oigo que antes estaba mejor la educación, cuando
lo único que pasaba es que amplias capas de la población no tenían derecho real
a la educación. Como no estaban en las aulas, no eran un problema.
Entiendo el
malestar del profesorado de secundaria, pues esta nueva situación ha modificado
su trabajo. Si Oscar, a los 7 años ya era un gamberro incontrolable y a los 12
esnifaba pegamento, no quiero ni pensar cómo sería a los 15 en un aula (en la
calle era un raterillo). Pero la solución no es volver a echar a 146
adolescentes a la calle. El trabajo de los profesores es prestar una atención
personalizada a los 160. Y la labor de las administraciones educativas es hacer
que este trabajo sea posible, y no una declaración de buenas intenciones, y
leyes a coste cero, o volver a los "itinerarios". Eso supone contar
con profesores de apoyo, psicólogos, trabajadores y educadores sociales,
policía local... Más presupuesto y más coordinación entre diferentes profesionales
y administraciones.
La curiosidad
por explicar la trayectoria de esos 14 niños fue uno de los motivos para que me
especializase en sociología de la educación. Las conclusiones, provisionales, a
las que he ido llegando son las siguientes. Los problemas escolares se explican
por diversos factores, pero, con diferencia, los más importantes suceden fuera
del aula. Por ello, los psicopedagogos ni son culpables ni aportan soluciones
milagrosas. Según el informe PISA, el 50% del rendimiento educativo de los
jóvenes se explica por la posición social de su familia, un 18% por la
composición socioeconómica de las familias de los estudiantes del centro
educativo, y un 6% por características didácticas y organizativas de los
propios centros escolares. El otro 26% queda sin explicación, y supongo que ahí
es donde entramos esos 14 niños. Es decir, cuando debatimos sobre cómo mejorar
la educación desde dentro de las escuelas, estamos discutiendo sobre el 6% del
problema. Se habla mucho de escuela pública y privada, pero las diferencias de
rendimiento entre estos centros se deben al origen socioeconómico de los
estudiantes. El fracaso escolar entre los hijos de universitarios es del 2%,
mientras que entre los hijos de quienes no tienen estudios es del 40%. Pensar
que con mejor didáctica conseguiremos que ese 40% baje al 2% me parece bien
intencionado, pero poco realista.
La fuerte
inercia de una generación sobre la siguiente explica que los avances educativos
no sean tan rápidos como nos gustaría. Últimamente hay quienes quitan
importancia a esta inercia y no quieren ver que España es de los países de la
OCDE donde la mejora educativa ha sido mayor. España lo hace razonablemente
bien dado el nivel educativo de la generación de los adultos. Es más, en España
hay regiones que lo hacen tan bien como los mejores países del mundo, como La
Rioja o Castilla y León. Son regiones en las que históricamente las tasas de
analfabetos eran mucho más bajas que en el resto de España. Y en las que hay
psicopedagogos y se aplica la LOGSE...
José Saturnino Martínez García es sociólogo