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miércoles, 28 de marzo de 2007

Cada vez que se habla del famoso fracaso escolar sale a relucir, como si de la  piedra filosofal se tratara, la, de nuevo, famosa palabrita: motivación.

Parece ser que el problema se simplificaría mucho si fuésemos capaces de motivar al alumnado lo suficiente. Y yo no digo que no. Pero lo cierto es que nos pasamos la vida organizando espectaculares montajes, haciendo cursos de reciclaje, soñando con internet, o con pizarras digitales, o… Y nada, la motivación de alumnos y profesores ahí sigue, estancada.

Yo no tengo solución ninguna.


Quería sólo apuntar a modo de explicación una reflexión que jorge Wasenberg dio acerca del gozo intelectual en una conferencia que celebraba el número 100 de la Revista Infancia.

Señala tres fases para todo proceso cognitivo:

 1ª Estímulo, cuenta con la realidad como escenario. El objeto real o fenómeno es el estímulo más rico.La respuesta a estos estímulo es placentera en si misma. La respuesta a la que me abocan el hambre, el dolor o el sexo será seguro placentera. El conocimiento, al ser tan esencialmente humano, no ha tenido tiempo todavía de generar ese estímulo pero es la satisfacción humana por excelencia.

 2ª Conversar, su escenario es la escuela. La ciencia es una conversación con la realidad. Es necesario escuchar antes de hablar. El buen conversador sigue las respuestas para elaborar la siguiente pregunta. Reflexionar es conversar con uno mismo.

 3ª Comprender, su escenario es el ensimismamiento. No es escribir, no es reproducir, es buscar que hay de común entre cosas diferentes. Es buscar la respuesta de las preguntas que no puedo solucionar con lo que ya sé. Es el gozo intelectual.

 Hemos visto cientos de veces como nuestros alumnos no experimentan esa satisfacción del conocer. No se en qué fase o en que salto nos perdemos, de estas o de otras clasificaciones que puedan hacerse, pero me produce mucha tristeza la pérdida, no por la mejora de sus niveles de vida, (que es la estratagema más habitual de la motivación hoy en día), sino por la pérdida de ese gozo.

 Abundando en este mundo de gozos y tristezas les recomiendo este artículo de J. Wasensberg conversando con Steiner: “El gozo intelectual y la tristeza del pensamiento”.

Ana Cortinas.

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