Enviado el jueves, 28 de septiembre de 2006 18:39
Hay un anuncio en la tele, en el que creo publicitan alguna conexión rápida a Internet, que me parece muy ocurrente. En la primera parte un empresario, con cara de avispado, se frota las manos pensando en el trabajo extra que van a poder desarrollar sus empleados teniendo en cuenta la economía de tiempo que esta nueva conexión permitirá, en la segunda parte un tipo joven y moderno, que trabaja en su portátil desde un barco, se congratula de la cantidad de cosas que podrá hacer en su recién engordado tiempo libre, termina con un par de caras cómicas cuando a cada uno le plantean la expectativa del otro.
Leía el otro día en un foro sobre la crisis energética acerca de este convencimiento humano de que la mecanización, cada vez más eficiente, del trabajo podría, en algún momento de la historia conducirnos a una liberación del mismo. Pero a poco que miremos a nuestro alrededor nos damos cuenta de que esto, al menos de mom ento, no ha sucedido, siempre encontramos nuevas maneras de seguir produciendo.
Amplio de nuevo el concepto al problema de la energía y nos encontramos con “La Paradoja de Jevons”, que afirma que a medida que el perfeccionamiento tecnológico aumenta la eficiencia con la que se usa un recurso, lo más probable es que aumente el consumo de dicho recurso, antes que disminuya. Concretamente, la paradoja de Jevons implica que la introducción de tecnologías con mayor eficiencia energética pueden, a la postre, aumentar el consumo total de energía.
Todo esto me lleva rescatar de mi memoria la primera vez que usé un ordenador, hace ya 8 años. Me iba de viaje a un país muy lejano (cary! Estoy hecha una abuela) , con mochila y sin móvil, , y un buen amigo, con muy buen criterio, me abrió una cuenta de correo y me grabó su dirección y me enseñó los cuatro pasos que necesitaba para decir que estaba bien. Ahora necesito al menos 64 megas de RAM y una ADSL que va muy rápida, pero que me tiene esclavizada con lo de que siempre me toque a mi llamar a la familia.
Cómo decíamos en el último post, la tecnología prospera para facilitarnos la vida, y seguirá haciéndolo con esa alegría y ligereza tan desigualmente repartidas a lo largo y ancho de este mundo, pero debates no hay ninguno cerrado. Yo, que me confieso admiradora de las virtudes de este nuevo mundo tecnológico, me pregunto si nos llevarán a la expectativa del avispado empresario o a la de su joven compañero.
Ana Cortinas