Hoy he recibido una visita muy curiosa en el Centro, un conocido vecino del Barrio, famoso por sus aficiones a la geografía, la historia y los factores de igualación social, así como por su larga barba blanca, su calva-melena rizada y sus gafas de culo de vaso, ajeno al mundo educativo, aunque muy interesado en él, quería saber como nos apañamos en Educación Infantil para atender las muchas obligaciones que esta sociedad nos demanda.
Estaba, ya no sólo asombrado por la implantación de los Programas bilingües, el de nuevas tecnologías, el mejora de las instrumentales, el de iniciación a la Ciencia..., sino que tras haber escuchado que todas las educaciones transversales (para la paz, vial, medio ambiente, violencia de género, no sexista...) consiguen mejores resultados cuánto más temprano se empiecen, y teniendo en cuenta que hoy en día la jornada escolar es de 5 horas y sin clase los sábados,( no como en sus tiempos), no se podía explicar, el pobre hombre, cómo ser maestra de Educación Infantil y abarcar ese currículo, ó lo que es lo mismo, no morir en el intento. Esto le producía un cierto pesimismo futurista, para qué ibamos a machacar así a nuestros alumnos si al fin y al cabo iban a estudiar media vida para conseguir un trabajo mal pagado.
Yo, podéis imaginar el apuro, no me sentía capaz de hacer una versión corta de mi opinión sobre el tema, así que con cuatro evasivas y otra visita muy oportuna salí del aprieto. Pero luego me encontré un apunte
"mente y cuerpo" que opinaba que el sistema educativo ha creado toda una generación destinada a vender su cuerpo(es una metáfora), y ha de espabilar si quiere que la siguiente tenga lo único que nos será posible vender en el futuro, la mente.
Si piensan ustedes que les voy a dar yo una conclusión, van listos. No la tengo. Ahora las piezas del puzzle, falsas o verdaderas, están sobre la mesa, como buen maestra de Infantil, les pediré que cada uno monte el suyo, añada o recorte las piezas que le parezca y, si le queda bonito, nos comunique el resultado, creo que yo también me romperé un poco la cabeza, pero no les aseguro que me quede bonito.
Ana cortinas