Castro Prieto // Etiopía
Juan Miguel Sánchez Vigil

Este cuaderno de viaje de Castro Prieto es una gozada para los sentidos, sobre todo para el de la vista, pero también para el tacto, el olfato y el gusto. Todo se paladea en las imágenes. Me habían regalado el tríptico (lástima que no el catálogo) y me había conmovido esa imagen de Tulgit en 2006 titulada Pato Donald.
Al entrar en la caverna (la sala de exposiciones de la plaza de Colón es como los trenes de la bruja de los parques de atracciones, parece que algo o alguien extraño nos espera para asustarnos y de pronto surge la maravilla) busqué el color rojo del paraguas y me encontré con una estampa evocadora. La máscara esconde un rostro (¿feliz? ¿infeliz?) y como Mary Poppinns parece estar a punto de alzar el vuelo.
Castro Prieto debe ser sublime. ¿De qué escribir cuando cada imagen te obliga a detenerte? ¿De los ojos? ¿De los colores? ¿De la belleza? ¿De las sugerencias?
Los ojos de los etíopes son de agua, a veces también de nácar. En el color y en el blanco y negro (fundido perfectamente en esta muestra) los ojos nos llaman, nos vencen.
Los desenfoques pre-meditados obligan a forzar la vista en la proximidad y la relajan en la distancia, provocando una re-visión en la que el espectador va ganado los pasos para encontrar su propia forma de ver, de contemplar.
Adivino la personalidad de Castro Prieto en los colores, tan puros como los paisajes. El color es también elemento clave en el conjunto.
No descubro más. Sólo haré un comentario a esa barbería moderna con las aspas del ventilador desaparecidas en el movimiento por la velocidad lenta, el espejo de fondo para dar profundidad al local y la televisión embutida en una caja de dos puerta como las Vírgenes de los pueblos de nuestra España.
Las fotografías de la sala del Cuaderno de Viaje son deliciosas. El efecto del montaje extraordinario, y en un rincón, elevada sobre las demás y como perdida, la foto de un árbol difuso en la sabana con los caminos en ocre.
En la piel de toro, roja de sangre y tensa por las cuerdas, la imagen de un país que Castro Prieto abstrae de los tópicos. Por favor: ¡No se lo pierdan!
Teatro Fernán Gómez
Centro de Arte // Plaza de Colón, 4 (Madrid)