Se fue pudriendo…
Murió en la humedad de los olvidos
y las ratas lo sepultaron en heces.
Se desdibujaron las líneas,
el lomo, su cuerpo inerte.
La tinta negra se diluyó en aguas
y el papel quedó hecho trizas.
Forcé su cuerpo,
reventé sus entrañas carcomidas,
y al acariciar la textura de su alma
escuché un crujir como suspiro.
Leí.
Entre mis sienes llevo
aquellas palabras del olvido.
Juan Miguel Sánchez Vigil