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sábado, 14 de marzo de 2009

Texto: Patricia Hernández Medrán

 


Cuando aún resuenan en la sala Juan de Villanueva las reformas educativas de Manuel García Morente y los bombardeos del frente republicano ubicado en la Ciudad Universitaria, el Centro Cultural Conde Duque redirige nuestros pasos hasta adentrarnos en las despiadadas y frías cárceles para mujeres de la primera década de la dictadura franquista. Una exposición fotográfica documentada con fondos procedentes de archivos públicos, entidades privadas, el patrimonio personal de las propias represaliadas y sus familias, e instantáneas de fotógrafos como Alfonso Sánchez Portela, Santos Yubero o Hermes Pato; complementada con grabaciones sonoras de entrevistas a presas de la época y un documental, «Del olvido a la memoria. Presas de Franco», basado en los testimonios recogidos, desde el año 1974, por Tomasa Cuevas Gutiérrez, encarcelada por militar en el partido comunista y que cumplió condena por ello, durante 30 años, en diferentes presidios del país, lo que le incitó a salvaguardar esa memoria histórica, tan presente e incómoda para algunos en la actualidad, y que publicó en 1982 bajo el título Testimonios de mujeres en las cárceles franquistas.

 

El recorrido está plagado de miradas maquilladas por la oficialidad de los retratos pero cargadas de desconfianza, de miedo, mucho miedo, de ira, resignación, de ojos infantiles que apenas habían vislumbrado la luz, y otros, el de las ancianas, cuyos párpados pesaban, premonitoriamente, como losas de sepultura. De nada sirvieron los planes de rehabilitación de presos y creación del Cuerpo de Prisiones profesional que inició, durante la Segunda República, la abogada y Directora de Prisiones Victoria Kent Siano, inmediatamente sustituidos por sotanas, hábitos, yugos y flechas, torturas, vejaciones, trabajos forzados, y sobreexplotación de mano de obra gratuita para el enriquecimiento de los empresarios afines al régimen. El pecado de todas ellas: dos, ser «rojas» y mujeres. Tampoco ha quedado en el olvido de los organizadores de la exposición, la exacerbada misoginia que impregnaba el régimen en todos sus ámbitos, y especialmente en las prisiones, auspiciada  por las autoridades científicas, como ilustran con los informes de Antonio Vallejo Nájera y su Gabinete de Investigaciones Psicológicas, y artículos periodísticos como el de José Vicente Puente, publicado el 16 de mayo de 1939 en el diario Arriba y titulado «Madrid recobrado. El rencor de la mujeres feas», en el que las tacha, entre otras cosas, de fauna pestilente. Buena cuenta del feroz aislamiento y censura que sufrieron recayó en la prohibición de la circulación, en los penales, de libros, prensa, o cualquier tipo de fuente de información y formación; la cultura y la educación, como es sabido, como el enemigo más peligroso y difícil de combatir. Las «tareas de su sexo» y la práctica de un anquilosado catolicismo se convertirían, a partir de 1939, para aquellas mujeres, en su «redentora penitencia», un purgatorio en vida que, estas jóvenes luchadoras nonagenarias, se empeñan en que no quede en el olvido.

 

Más información en el Centro Cultural Conde Duque.

4:59 | gestionado por Juan Carlos Marcos Recio/Juan Miguel Sánchez Vigil | Enviar comentario (4)