Epitafios para un gran actor
Texto: Juan Miguel Sánchez Vigil

El otoño nos ha traído la lluvia envuelta en melancolía. Abro las páginas de los periódicos y veo la imagen de uno de los últimos autores del gran Hollywood. PAUL NEWMAN, mayúsculas en nombre y apellido. Su vida es nuestra, siempre lo fue. En la filmografía que repaso leo los títulos de filmes cuyas escenas se me quedaron grabadas en la mente. De todas ellas me viene aquel tiovivo de El Golpe con un significado tan universal que traspasa las fronteras de cualquier explicación.
En el Diccionario del cine que ahora consulto le dedican dos páginas. Añado la fecha de su muerte con tinta de bolígrafo y me parece como si pusiera punto y final a una parte de mi vida.
Pienso en un epitafio: “Aquí yace una gloria del cine”. Este hombre que fue sex symbol, probablemente sin quererlo, me miró de reojo en la pantalla de un cine de verano y me cautivó para siempre.
Otro epitafio: “No fui yo sino mis personajes”. Newman nos hizo creer que los personajes inventados por escritores y guionistas eran de carne y hueso, su carne y sus huesos, mucho menos atractivos que su alma.
Esta tarde sesión en programa doble. Dos películas del gran Paul Newman para aliviar el tedio de los domingos.
De la tumba del actor brotan los hilos de humo del último cigarrillo. No hay despedida posible porque las glorias del cine vivirán por los siglos de los siglos.