Oralidad y escritura. Tecnologías de la palabra
Ong, W. J. (Fondo de Cultura Económica)
192 páginas.
Idioma: Español
ISBN: 968162498X.
ISBN-13: 9789681624989

Ya no caben dudas de que la escritura es la tecnología
más radical. Pensamos con su ayuda, pero no solemos pensar en ella. Y esto es,
precisamente, lo que nos propone Ong.
Considerar a la escritura como una tecnología implica,
en primer lugar, afirmar que ésta no es natural, sino artificial; en segundo
lugar, sostener que surge para satisfacer una necesidad específica; y, por
último, dar cuenta de que se vincula con el uso de determinados materiales.
La escritura manuscrita, ya fuera sobre piedra,
tablilla, cuero, papel, u otros materiales, constituye sólo un primer momento.
La imprenta, la televisión, el teléfono, la radio, la computadora son también
formas de tecnologizar la palabra. Cada una de ellas supone nuevas maneras de
relacionarnos con los otros, con los saberes y con nosotros mismos. Incluso
generan una nueva oralidad –que Ong denomina “oralidad secundaria”– diferente
de aquélla propia de las sociedades que no conocen la escritura.
En palabras de Walter Ong “este libro se ocupa
principalmente de la cultura oral y los cambios en el pensamiento y la
expresión producidos por la escritura [..]” (p. 117). Con esta finalidad,
analiza cómo las diferentes tecnologías de la palabra han impactado, y
continúan impactando, sobre las formas en las que el ser humano se relaciona
con el conocimiento, consigo mismo y con los otros.
Nosotros, integrantes de una sociedad letrada, no
podemos concebir nuestra vida sin la escritura porque ella es una herramienta
que usamos cotidianamente. Sin embargo, las demandas de las sociedades orales
primarias se veían satisfechas con la palabra hablada, ya que explotaban una
serie de estrategias específicas a las que Ong denomina “psicodinámicas”.
El autor destaca el papel que los miembros de esas
sociedades le asignaban a la palabra como otorgadora de poder: no cualquiera
podía hablar, no cualquiera podía escuchar; cada individuo sabía sólo lo que
era capaz de recordar. La memoria era entonces la protagonista principal o,
mejor dicho, quienes la poseían.
La aparición de la escritura marcó una ruptura con
respecto a las formas de concebir la palabra porque ella permite “establecer
fuera del pensamiento lo que en realidad sólo puede existir dentro de él”. Si
bien debemos su origen a necesidades netamente prácticas derivadas de la contabilidad,
sus funciones se fueron extendiendo: hoy la escritura constituye una actividad
privilegiada de las sociedades contemporáneas, que excede ampliamente el papel
de ayuda-memoria. La invención de la imprenta permitió extender esta práctica,
ya que con ella se democratizó la alfabetización, al poder editarse libros más
pequeños y económicos.
El auge de las nuevas tecnologías de la palabra –como
la televisión, la radio, el teléfono, ligados al desarrollo de la electrónica–
parece haber dado un nuevo impulso a la oralidad. Ong apunta que si bien esta
oralidad –a la que llama secundaria– se asemeja a la oralidad primaria, también
es muy distinta de ella. Los destinatarios de estas formas de comunicación
constituyen un grupo extraordinariamente mayor que la aldea tribal, y la
existencia misma de estos medios presupone la escritura.
Estado de la
cuestión
El estudio de las relaciones entre la oralidad y la
escritura fue abordado desde diferentes posturas teóricas. Una limitación común
a las primeras investigaciones en este campo, como puntualiza Ong, radica en
reducir estas relaciones o bien a la subordinación de la escritura a la oralidad,
o bien de la oralidad a la escritura.
La primera postura organiza su argumentación en torno
de la idea del origen: la oralidad es anterior a la escritura, tanto en la
historia de la humanidad como en cada individuo en particular. Saussure mismo
afirma al respecto que la escritura es un complemento del habla oral, un código
que sirve para transcribir lo que se dice.
La concepción de la escritura como superior a la
oralidad está basada en la idea de que la primera pertenece a sociedades
“civilizadas”, “evolucionadas” y a individuos “cultos”.
Ong propone superar ambas visiones a partir de dos
premisas básicas. Por un lado, en sociedades con escritura las funciones que
adquieren la oralidad y la escritura son complementarias y no se puede hablar
de que una sea superior a la otra. Por otro lado, la oralidad de las sociedades
sin escritura es diferente de la oralidad de las sociedades con escritura.
Fuente:
http://www.fce.com.ar/guias/Lenguayliteratura/ong.htm