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martes, 20 de mayo de 2008

La sonrisa de Domingo Navarro (20 de mayo)

Texto: Juan Miguel Sánchez Vigil / Fotos: Paloma Aguilar

 

J.M.S.Vigil

 


Se veía venir…

Llegaron tarde los toreros, pegaditos de tiempo. Y había una calma tensa, una especie de tiempo muerto que aprovechamos para repasar los días de Feria. Silencio y espera.

 

 

Los cámaras de televisión de un lado a otro aguardando la noticia, monosabios y areneros danzando, y César Palacios tomando apuntes para dejar esencias de su arte.

 

 

Pero fue entrar Domingo Navarro en el túnel de cuadrillas y animar la tarde. Llevaba, como de costumbre, la sonrisa dibujada en el rostro. Tiene este banderillero la gracia de los toreros de plata, y durante la tarde se le vio en todos los sitios. Aquí, allá, atento al quite, alegre en banderillas.

 

 

Decía uno: ¡El bajito, ese bajito que vino el otro día con Esplá! Y si Esplá lleva a Domingo Navarro será por algo. No le quiten el ojo cuando vuelva, que será el jueves 22 si no me equivoco. Este torero es de los que dignifican la profesión.

 

 

Serafín Marín llegó serio, muy serio. Mermado de facultades por el percance que le dañó las vértebras, hizo lo que pudo. Juan Bautista se llevó el toro primero al tendido del cinco y le pegó unos cuantos muletazos. Pegaba el sol de lo lindo por esos pagos y quizá por ello el toro se fue rajando, como el torero…

 

 

Del segundo no me acuerdo. Y del tercero al sexto tampoco. 

Esta vez los dulces de la merienda eran de almendra, y Pedro Jiménez con el ojo puesto en el objetivo de su cámara para no perderse la estocada de Tejela al sexto, se zampó la última pasta. Ricardo se pasó la tarde bostezando y jugando a las instantáneas en movimiento. Y quedamos para mañana que pintan oros.

 

  

Arrancó la Vespa Juan Pelegrín y salió disparado calle arriba. Llevaba en el esportón un ramillete de imágenes que ustedes verán en la página de Las Ventas y en el blog de un tal Manon. No pasó nada, pero seguro que las fotos de Juan guardan algún secreto.

 

 

El sol del atardecer quemó las últimas nubes allá por el barrio de la Concepción y la plaza se quedó sola, pero no triste como en la canción de la tuna.

Hay tardes y tardes. Esta fue una menos, la de mañana Dios dirá.

 

18:39 | gestionado por Juan Carlos Marcos Recio/Juan Miguel Sánchez Vigil | Enviar comentario (11)