¡De nuevo un tercio de quites!
Texto: Manuel Durán / Fotos: Paloma Aguilar - J.M.S.Vigil - M.Durán

J.M.S.Vigil
¡Cuanto tiempo hacía que no veíamos un tercio de quites en Las Ventas y en San Isidro! A que casi ya no se acuerdan. Las novilladas tienen estas cosas. Los aficionados de verdad lo dicen: en los festejos menores se ven cosas más interesantes, a veces, que en siete corridas de toros.

Que tendrán las novilladas, sobre todo las de San Isidro. Hoy además estaba el aliciente de la chispa de los novillos de la Quinta. Álvaro Martínez Conradi, a quien tuvimos a nuestro lado en el tendido 1 no fumaba sus cigarrillos, se los comía.

Y el comentario final fue, qué lástima con el último novillo, le han dado en el caballo demasiado. También era un buen novillo. Y a fe que todos fueron buenos y todos pudieron servir. Incluso el tercero, protestado por tener cara de becerro -en contraste además con la altura física de Pepe Moral-, pero con 496 kilos y el motor de este encaste de Santa Coloma, con el que nunca se aburre el aficionado.

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El tercio de quites al que nos referíamos hoy lo protagonizaron un novillero mexicano, Octavio García, apodado El Payo y Pepe Moral, de Sevilla. Sucedió en el segundo de la tarde que correspondía al diestro mexicano iniciándolo por un quite por gaoneras en los medios. En su turno, Moral dejó un ramillete de verónicas abrochadas con una buena media y entonces surgió la réplica de El Payo de nuevo, con unas bonitas y espectaculares tafalleras.

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La faena posterior de este torero fue redonda, profunda y aclamada por el público, pero perdió sin duda las dos orejas por el fallo con la espada. Y lo que fue peor, en su segundo, en otro quite por altaneras, ligadas con chicuelinas, fue alcanzado por el novillo, al quedarse al descubierto en la transición de un lance al otro y no fue solo el revolcón. El descuido han sido quince centímetros de cornada que a él no le permitieron seguir la lidia y a los aficionados ver su faena, que se presumía de puerta grande. Como ha comentado su apoderado, Alberto Elvira, seguro que se va a oír hablar mucho de este Payo.

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Más mérito de los novilleros: Daniel Martín, nacido en Nagold, Alemania, pero formado taurinamente en Salamanca nos sorprendió en el primero de la tarde, pero para su desgracia el público se entregó más a los quehaceres de abrir paraguas y desplegar chubasqueros y capas pluviales -una tarde más apareció la lluvia y van...- , porque de forma serena y pausada lidió y toreo muy aceptablemente a un novillo de Santa Coloma, dócil y con embestida fija, pero de este encaste, que repito siempre tiene algo especial.

Y todo ello con la boca cerrada, -el novillero- por la triple rotura de la mandíbula hace pocos días que con los puntos aún no puede articular palabra alguna.

Y mérito añadido el de Pepe Moral, triunfador ya en Las Ventas y que tuvo que oír el miau del tendido de siempre, porque el novillo tenía cara de becerro, pero nada más. Es cierto que no estuvo tan fino como aquella tarde del año pasado en que abrió la puerta grande, pero torear oyendo la onomatopeya del felino doméstico no creo que se pueda soportar bien y todo porque como decíamos antes, la diferencia en altura física de uno y otro empequeñecía aún más el mérito del novillero.

Y para los fotógrafos, también tardes como ésta son estupendas. Nos permiten trabajar y recrearnos en el patio de cuadrillas, sin agobios ni masificaciones. También para eso son buenas en San Isidro las novilladas.
¡Que tendrán!
