El circo de Las Ventas o la corrida de rejones (17 de mayo)
La visión de una aficionada que no va a la plaza
Texto: María Olivera Zaldua / Fotos: Paloma Aguilar

No es cosa mía lo del circo, sino de los aficionados que comentaban a mi lado la corrida de rejones en la que Moura, Hermoso de Mendoza y Andy Cartagena han hecho lo que han podido ante la mansada de San Pelayo.

Hay tan poco que decir que la crónica de hoy cambia de aires hacia la frescura de quien tiene otra visión y a quien cedemos la palabra. Salió por la puerta grande (lo escribo en minúscula con intención) Cartagena y los banderilleros se llevaron dos gallos que le tiraron desde los bajos del tendido 6.

Visión de una aficionada que no va a la plaza
Texto: María Olivera Zaldua
Es muy distinto ver los toros desde la plaza que por televisión. Desde ésta se aprecian detalles que pueden pasar desapercibidos para cualquier persona en el coso, como por ejemplo el tamaño del agujero que hizo el toro en el burladero del 6 la otra tarde.

La cámara lenta permite ver los mejores pases de cada torero, como se arrima, el peligro que corren, pero sobre todo los gestos del matador, la recepción del toro o si la faena le gusta o le disgusta. Sólo las cámaras son capaces de captar estos detalles.

Los toros se ven de manera distinta mientras estás cómodamente sentado en el sofá de tu casa con tu cervecita y tus patatas, mientras el locutor o el comentarista te van narrando cosas que no conocías de cada torero y del toro, o te explica lo buena que ha sido la verónica.

Tiene ventajas ver los toros por televisión, pero echas de menos cuando se acercan las seis de la tarde y vas bajando la calle Alcalá con muchas otras personas desconocidas, pero con un fin común: la plaza de toros. El ambiente de fiesta que hay en San Isidro antes de que abran las puertas, la entrada a plaza que sigue impresionando y su olor característico.

El sonido de los clarines, no suenan igual desde la televisión, pero sobre todo cuando sale el toro porque en la plaza se le ve tres veces más grande.

Los olés al matador o al banderillero en su faena, los pitos para el picador y los ¡ayes! de los revolcones y derribos; todo eso lo ves en la televisión pero no lo vives con la misma emoción, y cuando lo veo pienso: “¿Por qué no habré ido a la plaza?” La respuesta la tenemos en la falta de tiempo, pero también en la vagancia…

Siempre que veo una corrida me acuerdo de Emilio, mi abuelo paterno, grandísimo aficionado a los toros, cuando comentaba las grandes faenas en las Ventas, “cuando los toros eran toros”, como solía decir.

Llevamos nueve corridas y todavía no ha habido ninguna puerta grande (salvo el regalo de los rejones), porque como dicen: “Madrid es mucha plaza”. Se ha cortado alguna oreja y se ha dado alguna vuelta al ruedo, pero la mayoría han pasado sin pena ni gloria.

Prefiero el toreo a pie que los caballos, ya que pienso que el rejoneo es un híbrido entre equitación y tauromaquia; no quito valor a los rejoneadores, que arriesgan su vida como los toreros, pero pienso que es más puro a pie, más bello y sin elementos externos, como el caballo. Aunque siendo aficionado, disfruto de las dos maneras.

Con los rejones se abrió la puerta grande. ¿Será el principio de las grandes faenas?¿Habrá que esperar al próximo sábado en que repiten los caballeros? De cualquier manera yo seguiré viendo los toros, de momento por la televisión y si tengo oportunidad (y dinero) en la plaza.

J.M.S.Vigil