En martes y trece se puede torear (13 de mayo)
Texto: Manuel Durán - Fotos: Paloma Aguilar

Para quienes creen en esas cosas del mal fario se demostró que esta conjunción de día de la semana y mes para unos es una soberbia tontería y para otros es todo lo contrario o simplemente un día más. Ayer, durante todo el día no llovió en Madrid y una hora antes de comenzar el festejo la climatología auguraba lo peor. Pero no fue así, ni siquiera durante las dos horas y media de corrida el asunto del agua inquietó seriamente. Salieron paraguas y chubasqueros de dominante verde, pero no fue suficiente para echar al público del tendido.

Cuando llegamos al patio de cuadrillas nos encontramos ya a Fernando Cruz, amparado por la cuadrilla y por su mentor Luciano Núñez. Poco después llegó Pedro Moya y ya con muy poco tiempo, Diego Urdiales, el sustituto de Serafín Marín en los carteles iniciales. Y ya se pudo comprobar que Diego no cree en gafes de fechas ni otras zarandajas y que en cambio confía en su voluntad y decisión de triunfar. La atención mínima a los fotógrafos, la imprescindible, porque estaba a otra cosa. Quería triunfar y a fe que lo consiguió. Pudo ser más sonado aún su triunfo, porque el mejor toro de los de Carmen Segovia fue el primero y el acierto con la espada le habría reportado la primera oreja, decisiva para salir por la puerta grande. La que consiguió la logró en el cuarto, con un toro al que le faltaban dos meses para cumplir seis años y cincuenta y cinco kilos para los setecientos. Pero Dormidito cumplió en todos los tercios y sobre todo en la muleta. Este Urdiales riojano, que desde 2005 no venía a Madrid, hizo algo que los aficionados saben ver y valorar como de verdad hay que hacerlo. Torear con decisión y verdad y con el toreo fundamental: derechazos, naturales y los de pecho. No hace falta mucho más. Con esa decisión también se fue con la espada a las agujas, ejecutando muy bien la suerte suprema, que es lo que le faltó para redondear la faena en su primero. Lo del martes y trece para este torero fue lo contrario: buena suerte.

La cruz en este caso se la llevó Fernando añadida a su apellido, por llevarse el peor lote, aunque no era el torero que hemos visto en otras ocasiones en Madrid. Y en en el quinto echó todo lo que tenía para no quedar mal en Madrid. Pero si se brinda al público hay que ir con decisión y no con miedo. Mi vecino de localidad recibió una reprimenda por chillarte cuando ibas a brindar. Tienes tu derecho, pero hazlo con decisión.

La otra cruz la tiene también en Madrid Pedro Moya. Demasiada responsabilidad ser hijo de quien es para triunfar en esta plaza. De nada sirvió el arrimón en el sexto y ya sabemos que la voluntad y el arrojo lo tiene, pero Dios no otorga el duende del arte a cualquiera. Quizás en otro momento, Madrid sabe premiar el esfuerzo y como dice Antoñete: falta algo que no sé qué es... Quizás fuera lo de la suerte del martes y trece.
