Raquel tenía 25 poemas y un montón de dudas. Con apenas dieciséis años,
esta alicantina incondicional de Edgar Allan Poe se resistía a aceptar
que su carrera de escritora se acababa incluso antes de empezar. Había
llamado a la puerta de varias editoriales sin suerte y, sin contactos o
premios literarios bajo el brazo, el camino hacia la publicación estaba
todo menos despejado. Rascarse el bolsillo para autopublicarse tampoco
era una opción. "Al preguntar precios me echaba las manos a la cabeza,
porque tengo 16 años, estudio, no trabajo, y no me puedo permitir
gastar 600 euros en publicar un libro que después no sé si se vendería
o sería dinero perdido", explica. El desánimo ganaba la batalla hasta
que probó en internet: "Un día leí ´Publica tu libro de forma gratuita´
y fue como si se me apareciese la virgen, eso aumentó mi ilusión y mis
ganas por escribir. Leí y leí, y escudriñé la página buscando el truco,
y todo parecía bonito, fácil al alcance de todos y, lo mejor, gratis".
Desde hace una semana, su primer libro, El trayecto de una lágrima,una
fusión entre lírica, drama y fantasía, está disponible en Bubok, la
primera gran editorial española de autopublicación on line bajo
demanda, que empezó a funcionar a mediados de abril. "Ahora falta que
alguien lo compre, y saber si gusta a la gente, para terminar de ver mi
sueño cumplido", arguye ilusionada. Pero Raquel no es una excepción.
Miles de escritores han optado por servicios de autopublicación en la
red para sortear las dificultades de acceso al muchas veces inaccesible
y saturado mercado editorial español. Aunque ya existían varias
iniciativas que ofrecían la promoción o publicación de pequeñas tiradas
de libros, el secreto de estas nuevas editoriales tecnológicas reside
en un sistema de distribución, promoción y publicación bajo demanda,
sin coste inicial ni pedidos mínimos, que permite imprimir únicamente
las copias que se van a vender. Ya no se trata de las pequeñas
editoriales - calificadas por los críticos, no sin sorna, como
"editoriales de vanidad"- que, tras el adelanto de una determinada suma
de dinero, imprimen unos pocos centenares de libros. Ahora, cuando el
lector quiere hacerse con un ejemplar, sólo tiene que encargarlo y en
diez días lo tendrá en casa. Gastos de impresión y envío al margen, el
autor es quien fija el precio (puede ser gratuito), escoge el diseño y
obtiene un 80% de los beneficios, mientras que la editorial se embolsa
una comisión del 20%.
Además de Bubok, que en los primeros
quince días de vida cuenta con 365 títulos registrados y más de 2.000
usuarios, otros portales similares como los americanos Lulu, que
también tiene versión española, Blurb o Tikatok (especializada en
libros de niños con dibujos infantiles) han tenido un éxito
espectacular. Creada por Bob Young en el 2002, Lulu lleva publicados
más de 320.000 títulos y suma 5.000 nuevas obras cada semana de más de
80 países diferentes. El lema de la empresa estadounidense es toda una
declaración de intenciones: "No se trata de cien libros que vendan cien
mil copias, sino de cien mil libros y cien copias".
Pero a
veces se trata de un número bastante superior. En cinco años, los
creadores de Lulu han vendido más de dos millones de ejemplares en
papel y cien mil libros de fotos, calendarios, folletos o e-books
(digitales). En lengua española, el libro más vendido en esta web desde
hace un año es el manual técnico Fotografía: un enfoque práctico,obra
del cordobés Juan García Gálvez, quien ha vendido cientos de
ejemplares. Aunque ya había publicado obras anteriores en una editorial
tradicional - una experiencia que define de "alto coste, riesgo y que
conlleva gran dedicación"-, este informático de 40 años decidió
recurrir a esta alternativa digital ante los problemas de acceso al
mundo editorial. García Gálvez, que hace unas semanas recibió una
oferta de una editorial tradicional para publicar su obra ( "Pero
tendría que dejar de ofrecerlo por la red y eso no me seduce mucho",
dice), considera que lo importante de estas nuevas editoriales
tecnológicas no es la posibilidad de negocio para el autor sino "la
difusión de la obra, la facilidad para producirla y la ausencia de
riesgo al no tener que hacer inversión previa".
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