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sábado, 26 de enero de 2008

No hace falta viajar a Nueva York, París o Madrid para ver las obras de los mejores museos del mundo, porque todas tienen sus colecciones colgadas en la red pero algunas han dado un paso más y permiten colarse en sus salas gratis, sin vigilantes y con una cercanía a las obras imposible en la vida real.

Es el caso del Museo Thyssen de Madrid, cuya galería virtual se caracteriza además por su realismo, sencillez y facilidad de acceso, mientras que en otros, caso del Louvre, es preciso saber dónde buscar y requiere la intervención continúa del internauta.

Fachada del Casón del Buen Retiro


Solo en 2007 la web del Thyssen tuvo cinco millones de usuarios, cuatro veces más que todas las visitas que acumula el museo desde su inauguración: "La visita virtual permite una experiencia única de inmersión en la institución pero nunca sustituirá a la presencial", asegura el responsable de Informática de la galería, Javier Espada. Además de acceder al millar de obras que expone el Thyssen, se pueden ver todas las exposiciones temporales, de tal forma que la que se inaugurará el día 5 de febrero sobre Modigliani estará disponible ese mismo día.

La apuesta por Internet

El patrimonio artístico está diseminado por edificios de España y América Latina y el grupo ha optado por ofrecer visitas virtuales a tres exposiciones temporales y están estudiando "abrir museo" en Internet con sus obras maestras.

Otros, como el Reina Sofía, con 16.200 obras en sus fondos de las que solo expone el 2%, restringen la visita virtual a sus edificios y jardines y a algunas exposiciones temporales. Ese museo, como el Tate Modern, en Londres, el MOMA y el MET, ambos en Nueva York, tiene la complejidad añadida de que muchos de sus cuadros están sujetos a derechos de autor y aunque los ubican en la web en la planta en la que se encuentran no se puede ver la foto de la obra.

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El País
La Vanguardia

21:36 | gestionado por Juan Carlos Marcos Recio/Juan Miguel Sánchez Vigil | Enviar comentario (2)

Un estudio ha descubierto que la gente que paga más por un producto lo disfruta también más. Los investigadores comprobaron que varias personas a quienes se dieron a beber dos vinos tintos idénticos afirmaron que les había gustado mucho más el que les dijeron que había costado más caro. Los escáner cerebrales confirmaron que sus centros de placer se activaron mucho más con el vino de mayor precio. Estas conclusiones podrían ayudar a explicar por qué los comensales ricos suelen estar dispuestos a pagar miles de euros por una botella de buen vino. Parece que gran parte del placer real lo genera más el alto precio que se ha pagado que la calidad de la añada.


La demostración de que sería posible manipular factores no conectados con las cualidades intrínsecas de un producto para hacerlo más atractivo tiene unas consecuencias enormes para todos los tenderos, no sólo los del gremio de la restauración. “Estos resultados arrojan mucha luz sobre los efectos neurológicos del marketing”, afirma el investigador español Antonio Rangel, profesor asociado de Económicas del Instituto de Tecnología de California, que dirigió la investigación.

Estudios como éste reflejan el interés cada vez mayor que suscita la nueva disciplina de Neuroeconomía, uno de cuyos propósitos es comprender el atractivo inconsciente de los productos de lujo y las marcas exclusivas, que cuestan bastante más pero ofrecen escasa calidad adicional. Rangel utilizó resonancias magnéticas funcionales para observar los cerebros de 20 personas a quienes se ofreció el mismo cabernet sauvignon y se les dijo que costaba o bien dos libras y media o bien 45 la botella. A los sujetos se les pidió que cuantificaran el placer que les producía el vino que bebían, y la mayoría dijo que había disfrutado más del de precio más elevado.

Los investigadores observaron cambios en una parte del cerebro que se conoce como el córtex orbitofrontal medio, que desempeña un papel central en muchas clases de placer, y descubrieron que el córtex se activaba más con los vinos caros que con los baratos. Según Rangel, esto demuestra que el aumento de placer fue real, aun cuando los productos eran idénticos.

 

Fuente: El Mundo

21:22 | gestionado por Juan Carlos Marcos Recio/Juan Miguel Sánchez Vigil | Enviar comentario (0)