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martes, 25 de diciembre de 2007

Mirar al pasado es aprender para el futuro

Ahora que apenas quedan unas horas para clausurar la exposición que la Fundación Telefónica dedica al fotógrafo Marín repaso el díptico con su biografía y me recreo en las fotos que se han insertado como ilustración. Veo en estas imágenes las escenas de la vida cotidiana y reafirmo mi convicción de que por encima del autor está la intrahistoria, la propia vida. Yo, que tanto escribí sobre Alfonso y sobre la generación de reporteros del primer tercio del siglo XX, estoy convencido de que los documento superan la propia idea del fotçografo, si es que la tuvo en el momento de captar la imagen. No menoscabo con ello la profesionalidad, ni tampoco su creatividad, pues hay imágenes cuyo concepto es otro y presentan esa visión que caracteriza al artista.
Por eso, en esta exposición fuí de un lado a otro, de acá para allá, de un rincón a una esquina, y de lado a lado de las salas, buscando en los detalles el encanto de las escenas, inventándome el final o el principio de la historia, según el fotógrofo nos la presente.
Esta es la grandeza de la fotografía, también su particularidad, que nos invita a montar nuestra película entre las sienes, a escribir un guión efímero que tal vez a nadie importe. Pero cada foto de Marín nos deja una historia en la cabeza y nos compromete, nos hace tomar partido, incluso nos obliga a sufrir cuando alguna de las escenas nos afecta.
Una joya, esto es lo que podemos encontrar en la Telefónica...
Una joya de autor atrapada en el patrimonio...
Este tipo de exposiciones deberían ser obligatorias para niños y mayores... o mejor aún deberían ir juntos de la mano, pero no para dar explicaciones sino para pasera juntos de la mano dejando que los DOCUMENTOS FOTOGRÁFICOS se cuelen hata la médula por los ojos.

Juan Miguel Sánchez Vigil

12:10 | gestionado por Juan Carlos Marcos Recio/Juan Miguel Sánchez Vigil | Enviar comentario (0)

Un cuarto de hora

Un cuarto de hora
de mi reloj
quince minutos de esfera
quedan.
Tres cuartos ya no son.
Apenas unos minutos
quedan
en el tiempo de ser,
en la arboleda.

Juan Miguel Sánchez Vigil
25-12-2007

11:57 | gestionado por Juan Carlos Marcos Recio/Juan Miguel Sánchez Vigil | Enviar comentario (3)

Hay libros que me hablan, aunque yo no los responda
por miedo a que me tomen por loco


El libro, todos los libros, tienen una forma de mirar que me fascina.
Hace mucho tiempo que lo descubrí, porque no son nuestros ojos los que pasan o repasan el papel uniendo tipos o caracteres para formar palabras, sino que son los tipos los que nos miran con ojos de gato negro desfigurados en tinta.
Cierta tarde me detuve ante un escaparate y, sin saber como, la mirada se fue hacia un rincón donde un librito de pastas azules, estampadas en negro, parecía llamar mi atención. Me dejé llevar y entré en el local con la intención de abrir su páginas y leer algún párrafo. No diré el título, porque no fue su significado el que me llevó a tal extremo, sino el diseño, la figura leve y recogida que se escondía en el escaparate como queriendo huir de la arrogancia del resto de libros.
Cuando lo tuve en mis manos noté una especie de caricia. En vez de pasar mis yemas por las tapas, fue el papel entelado el que frotó sus poros contra mis dedos. Tenía un encanto especial, una textura delicada y un formato perfecto. Cuando leí las primeras líneas no entendí nada, tampoco cuando salté a la página 37. Era -es-un ensayo sobre la materia que menos me ha interesado en este mundo; era -es- un texto farragoso y sin sentido que se me escapa de las manos cuando trato de interpretarlo.
Pero el flechazo fue extraordinario, y aun hoy sigo enamorado del azul turquesa. De vez en cuando, al repasar los títulos de la estantería,  lo tomo con mucho cuidado y me lo acerco a las mejillas para sentir su piel en la mía.
Ese oscuro objeto de deseo que jamás leeré es uno de mis libros más preciados.
Si alguien es capaz de explicármelo que lo haga en estas páginas...

Juan Miguel Sánchez Vigil

11:54 | gestionado por Juan Carlos Marcos Recio/Juan Miguel Sánchez Vigil | Enviar comentario (3)