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sábado, 10 de noviembre de 2007

Tardes otoñales, como la de hoy, sirven para leer, releer y volver la vista a la poesía. Armarse de valor para sacar de cada verso una idea, un significado, una expresión. Leer para comprender y para disfrutar de lo que cada momento nos ha regalado la vida. Y si es con poetas que se fueron, que pudieron volver, que no guardan rencores y que sobre todo aman la literatura.  A uno de ellos, Tomás Segovía tuve la suerte de conocerle, de escucharle, en una tarde de otoño, en la Fería del Libro de Guadalajara (Jalisco) cuando le conceden el Premio Juan Rulfo. Allí, frente a varios cientos de alumnos, contestando una y varias preguntas, siempre con pausa, con rigor, con corazón.

El como Niño de la Guerra recordaba entonces: "Sí, yo fui un hijo de exiliado, que no es lo mismo que ser un exiliado. Pero ahora el mundo está repleto de gente que padece esta situación, como los paquistaníes de Londres, los turcos de Berlín, los magrebíes de España o los mexicanos de Estados Unidos. Y ese exilio también es un exilio político, porque si no hubiera la política que prevalece en el mundo esta gente no se moriría de hambre y ni los turcos, ni los magrebíes ni los mexicanos pasarían por lo que pasan. Son consecuencias económicas de una política desastrosa.

Algunos datos:
Poeta, dramaturgo, novelista y traductor nacido en Valencia, EspañaPoeta, dramaturgo, novelista y traductor nacido en Valencia, España, en 1927.
A los nueve años de edad emigró con su familia a Francia, luego a Marruecos y posteriormente a México, su país de adopción, donde residió la mayor parte de su vida. Estudió filosofía y literatura en la Universidad Autónoma de México y en el año de 1957 ingresó como profesor de la UNAM,  donde dirigió la Revista Mexicana de Literatura.
Publicó sus primeros poemas en 1950 obteniendo una beca Guggenheim. Fue profesor de la Universidad de Princeton y director de importantes revistas americanas y europeas.
Ha escrito una veintena de libros de poesía entre los que se cuentan, «La luz provisional» en 1950,  «Apariciones» en 1957, «Cuaderno del nómada» en 1978, «Cantata a solas» en1985, «Lapso» en 1986, «Noticia natural» en 1992 y finalmente en 1996 «Fiel imagen».
Obtuvo los premios Xavier Villaurrutia en 1972, Magda Donato en 1974, Alfonso X de Traducción en 1982, 1983 y 1984 y Octavio Paz en el año 2000.

DIME MUJER

(Para Luci Fernández de Alba, que se sorprendió)

Dime mujer dónde escondes tu misterio
mujer agua pesada volumen transparente
más secreta cuanto más te desnudas
cuál es la fuerza de tu esplendor inerme
tu deslumbrante armadura de belleza
dime no puedo ya con tantas armas
mujer sentada acostada abandonada
enséñame el reposo el sueño y el olvido
enséñame la lentitud del tiempo
mujer tú que convives con tu ominosa carne
como junto a un animal bueno y tranquilo
mujer desnuda frente al hombre armado
quita de mi cabeza este casco de ira
cálmame cúrame tiéndeme sobre la fresca tierra
quítame este ropaje de fiebre que me asfixia
húndeme debilítame envenena mi perezosa sangre
mujer roca de la tribu desbandada
descíñeme estas mallas y cinturones de rigidez y miedo
con que me aterro y te aterro y nos separo
mujer oscura y húmeda pantano edénico
quiero tu ancha olorosa robusta sabiduría
quiero volver a la tierra y sus zumos nutricios
que corren por tu vientre y tus pechos y que riegan tu carne
quiero recuperar el peso y la rotundidad
quiero que me humedezcas me ablandes me afemines
para entender la feminidad la blandura húmeda del mundo
quiero apoyada la frente en tu regazo materno
traicionar al acerado ejército de los hombres
mujer cómplice única terrible hermana
dame la mano volvamos a inventar el mundo los dos solos
quiero no apartar nunca de ti los ojos
mujer estatua hecha de frutas paloma crecida
déjame siempre ver tu misteriosa presencia
tu mirada de ala y de seda y de lago negro
tu cuerpo tenebroso y radiante plasmado de una vez sin titubeos
tu cuerpo infinitamente más tuyo que para mí el mío
y que entregas de una vez sin titubeos sin guardar nada
tu cuerpo pleno y uno todo iluminado de generosidad
mujer mendiga pródiga puerto del loco Ulises
no me dejes olvidar nunca tu voz de ave memoriosa
tu palabra imantada que en tu interior pronuncias siempre desnuda
tu palabra certera de fulgurante ignorancia
la salvaje pureza de tu amor insensato
desvariado sin freno brutalizado enviciado
el gemido limpísimo de la ternura
la pensativa mirada de la prostitución
la clara verdad cruda
del amor que sorbe y devora y se alimenta
el invisible zarpazo de la adivinación
la aceptación la comprensión la sabiduría sin caminos
la esponjosa maternidad terreno de raíces
mujer casa del doloroso vagabundo
dame a morder la fruta de la vida
la firme fruta de luz de tu cuerpo habitado
déjame recostar mi frente aciaga
en tu grave regazo de paraíso boscoso
desnúdame apacíguame cúrame de esta culpa ácida
de no ser siempre armado sino sólo yo mismo.

Fuente:
http://amediavoz.com/segovia.

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