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jueves, 12 de julio de 2007

¡Viva la muerte!
Un grito que se hizo realidad para sellar también la boca de los poetas

Ellos...

Ellos tienen a un manco
que mata la inteligencia.
Nosotros a un poeta muerto
tirado en una cuneta.
...

¡Viva la muerte!
es de españoles
Verde que te quiero verde,
de traidores.

                    Israel Cuchillo

19:59 | gestionado por Juan Carlos Marcos Recio/Juan Miguel Sánchez Vigil | Enviar comentario (2)

Cuento del caballero con una huella en la frente
(A la gente del Cossío: una forma como otra cualquiera de daros las gracias)


Érase una vez un castillo de puertas de oro y vidrieras venecianas.
Tenía almenas desde las que se divisaban los bosques y una plaza
en la que se corrían toros un día sí y otro también.
Cada mañana, cuatro caballeros y dos damas preparaban todo lo necesario
para la fiesta de la jornada, poniendo en su trabajo hasta los restos del alma.
Y la princesa del castillo se sentía orgullosa de su gente,
y cuantos acudían al castillo se sorprendían por el buen ambiente.
De sol a sol, se entregaban a la tarea sin desfallecer, y aun más...
porque empleaban tiempo de sus noches para que todo saliera a la perfección y nada fallara.
Cierto día surgieron problemas, y el caballero encargado de resolverlos,
con la vista cansada y reventados los huesos,
siguió y siguió trabajando sin abrir la boca y sin levantar los ojos del suelo.
Y cuando llegó la hora de retirarse a los aposentos para descansar la fatiga,
los otros tres caballeros, también la pareja de damas, no se apartaron de su lado...
Y el caballero de la vista cansada sintió como la vida le marcaba una huella,
un tatuaje invisible mas abajo de las sienes, donde se marcan las venas.
Y los duelos fueron risas, y los quebrantos sorpresas.
Por eso de vez en cuando, sin que nadie lo supiera, el caballero lloraba.

Y la fiesta continua en el castillo de arena:

            Cuatro nobles caballeros
            y dos primorosas damas
            hacen de los toros libros
            con una huella en el alma.



                                                                            JMSV

19:52 | gestionado por Juan Carlos Marcos Recio/Juan Miguel Sánchez Vigil | Enviar comentario (2)

Se me va la tarde  y desde un balcón cualquiera
de una ciudad cualquiera miro a los cientos de cualquieras
que pululan por una calle cualquiera.


Tú, yo, él...
Otra vez los pronombres.
Allí, bajo mi manto.
Ella va hacia la muerte
y aquel escapa de su silencio.
Nombres propios de paseantes.
La cabeza perdida en una esquina.
Viene el viento.
Luces de televisor en los cristales.
Cigarrillos escondidos.
Allí, bajo el espanto.
Él se detiene.
Aquellos se lamentan de su suerte.
Se besan.
Juegan a decirse que se quieren.
Ruidos de motores
... y las voces.
Un aliento.
Un golpe de aire que me viene.
Ya mejor...
seguro de que hoy no será el cierre.
Tal vez mañana,
o pasado...
Un portazo.
Prefiero que sea de un portazo
y no de una herida que no cierre.
Allí vosotros, los pronombres,
aquí la noche que me vence.

J.M.S.V.

17:47 | gestionado por Juan Carlos Marcos Recio/Juan Miguel Sánchez Vigil | Enviar comentario (2)